Análisis

Reino Unido: UKIP o el fascismo populista


Daniel Rubio Sánchez. Los recientes resultados electorales de las Elecciones municipales de Reino Unido han disparado todas las alarmas en Europa. El imparable ascenso del UKIP (United Kingdom Independence Party) ha sorprendido a algunos, pero es un fenómeno político que se venía gestando desde mucho antes y nada novedoso.

En 1993 Alan Sked, profesor de Historia Internacional en la London School of Economics y perteneciente a la Liga Anti-federalista, (fundada en 1991 contra el Tratado de Maastricht) fundó el UKIP en un contexto de división del bloque conservador frente a la cuestión europea. Entonces, como está ocurriendo ahora aún en mayor medida, su oposición al Tratado de Maastricht atrajo a una parte del sector más duro del conservadurismo británico. Sin embargo el proyecto entró en barrena tras ser superados en las elecciones generales de 1997 de Reino Unido por el Referendum Party cuya principal propuesta fue la realización de un referéndum sobre si Reino Unido debería formar parte de la Unión Europea o no. Cabe destacar además que en estas elecciones el partido conservador, liderado entonces por John Major sufrió un histórico batacazo dando una arrolladora victoria al candidato laborista Tony Blair y permitiendo una subida en la representación de los liberal-demócratas.

Featured Image -- 9 Tras la derrota, Alan Sked abandonó el liderazgo de un partido con pocos visos de llegar a ser importante. Poco tiempo después el fin del Referendum Party insuflaría el aire necesario al UKIP para continuar con el proyecto de oposición a la Unión Europea. La incorporación de un importante sector de los votantes del Referendum Party en el UKIP no sólo dotó al partido de un nuevo espíritu, sino también de un nuevo líder. Michael Holmes tomaría el mando de un partido con las mismas ideas pero más maduro y con mayor apoyo.

Sin embargo, este nuevo periodo tampoco sería excepcional de ningún modo en lo relativo a la estabilidad del partido pues Holmes abandonaría el partido tras una lucha de poder con Nigel Farage y Jeffrey Titford como consecuencia de los buenos resultados del partido en las elecciones de 1999 al Parlamento Europeo donde se alzaron con el 7% de los votos y consiguieron ser el cuarto partido más votado. En estas elecciones la tendencia previa de ascenso laborista y caída conservadora se invirtió dando como resultado una victoria conservadora y, de nuevo, una mejora de los liberal-demócratas.

Las disputas internas del partido en torno a la posición euroescéptica y antieuropea llegaron hasta el National Executive Committee del partido. La polémica se vió avivada poco más tarde cuando Holmes quiso continuar como europarlamentario tras abandonar el UKIP hasta que en Diciembre de 2002 abandonó a favor de Graham Booth, más en la línea del partido.

La relación causa-efecto entre esta guerra interna y los resultados electorales no está del todo clara, pero es evidente que no resultó del todo beneficiosa. En las Elecciones generales de 2001 apenas alcanzaron el 1,5% de los votos en un contexto de poco cambio en las fuerzas mayoritarias, manteniendo los liberal-demócratas una subida lenta pero continua hasta alcanzar el 18,3% de los votos. Los laboristas, una vez más liderados por Tony Blair bajarían un 2,5% por la tarea de gobierno mientras que los conservadores apenas subirían un 1%.

Como consecuencia de estos malos resultados Titford, que desde el principio había peleado por el control del partido, abandonó el liderazgo del partido, manteniendo eso sí su puesto de europarlamentario.

Las elecciones europeas de 2004 se presentaron para el UKIP como un verdadero reto a superar pues eran realmente el escenario electoral preferido por el partido ya que sus propuestas anti-europeas apenas encontraban rival entre los partidos mayoritarios que mantenían posturas, en general, a favor de una mayor integración europea. Esta postura anti-europea debe entenderse desde una vertiente profundamente conservadora y tradicionalista que encuentra eco en un parte considerable de la sociedad británica.

Durante los 10 años de existencia del UKIP desde su fundación las peleas internas en torno a las cuotas de poder y la posición que debía mantener el partido habían hecho en cierta medida mella en los resultados. Las elecciones europeas de 2004 constituían para el partido una importante prueba de fuego para el proyecto.

Entonces UKIP despertó y superó incluso a los liberal-demócratas, quedando en tercer puesto con cerca del 16% de los votos y 12 europarlamentarios. Los laboristas empezarían a sufrir las consecuencias de la acción de gobierno bajando hasta rozar el 22% y 19 europarlamentarios. De esta bajada no se librarían tampoco los conservadores, cuyo voto se dispersó entre los liberal-demócratas y el euroescepticismo tocando fondo con apenas un 26% y 27 representantes en el Parlamento Europeo. Manteniendo la tendencia alcista y aprovechándose en parte del derrumbe conservador, los liberal-demócratas crecieron también hasta superar holgadamente el 14% de las papeletas con 12 europarlamentarios.

Este reparto electoral tan igualado en términos de porcentaje no supuso ningún problema de cara a la gobernabilidad ya que las elecciones eran europeas, pero instauraría una tendencia electoral imparable cuyas consecuencias avecinan las últimas encuestas electorales para las elecciones generales de 2015 Este ascenso electoral en las europeas no debe de ningún modo tomarse como algo inesperado, casual o repentino. UKIP recibió una amplia cobertura durante la campaña electoral en parte debido al fichaje de Robert Kilroy-Silk, presentador de un talk show popular entonces en BBC-One llamado Kilroy. Por otra parte, el apoyo ya público y explícito de personajes públicos como Joan Collins no hizo más que incrementar la presencia pública del partido y el alcance de su mensaje entre la población.

También es destacable que en 2004 se produjeron las primeras Elecciones europeas en Gibraltar como parte de Reino Unido formando parte de la región sureste en lo referente a las elecciones y el reparto de representantes. Allí los conservadores perdieron uno de los cuatro representantes que tenían y lo ganó el UKIP que pasó a tener dos. Liberal-demócratas y laboristas se mantuvieron igual con un representante cada uno. Como dato a resaltar, los conservadores prácticamente alcanzaron el 70% de los votos en Gibraltar mientras que en la región a la que pertenecían estos tuvieron un 31,6%.

Sin embargo, como hemos visto a lo largo de la relativamente corta pero intensa historia del UKIP, este es un partido en el que las peleas internas son bastante más intensas de lo que estamos acostumbrados en la política en general y particularmente en la española por muy turbulenta que esta sea en ocasiones. Kilroy-Silk abandonaría el partido en Enero de 2005 tras calificar al partido del que hasta entonces había formado parte como “chiste”.

Quizás por puro despecho a los pocos días de abandonar el UKIP Silk fundó un nuevo partido llamado Veritas que arrastró a algunos miembros más díscolos del UKIP. A pesar del impacto que pudiera tener una nueva baja en la estabilidad del UKIP, en las Elecciones generales de 2005 el partido se alzó con el 2,3% de los votos, 618,000 votos en total, consiguiendo hacerse con el cuarto puesto en votos totales. El nuevo partido de Kilroy-Silk apenas sería votado por 40.000 personas. Fracasó estrepitosamente.

Puede establecerse aquí cierto momento de cambio, ciertamente avivado por una crisis económica que estaría a punto de estallar y un contexto político en que figuras destacadas del conservadurismo británico como Stuart Wheeler, que había apoyado fervientemente al partido conservador hasta entonces, comenzaron a plantearse un cambio hacia la derecha y especialmente a posturas más duras frente a Europa y apoyar públicamente además de económicamente al UKIP.

Es destacable, sin embargo, que este cambio en cierto sector de la derecha británica no se produjese por una política económica que no agradase, o una política social contraria a los postulados del partido conservador, sino por puro euroescepticismo. Este euroescepticismo fue capaz de combinar todos esos temas y polarizar el debate en la derecha británica representada hasta entonces únicamente de manera efectiva por el partido conservador.

Nigel Farage en 2009 anunciaría que abandonaba el liderazgo del partido para emprender la terea de conseguir un escaño en la Cámara de los Comunes. Farage sería sustituído mediante amplia mayoría por Lord Pearson, anteriormente del partido conservador. nigel_farage Las Elecciones generales de 2010 fueron decisivas, la mala suerte quiso que el día de las elecciones Farage tuviera un accidente al estrellarse una avioneta en la que viajaba. Pese a la gravedad del accidente, consiguió salvar la vida. En estas elecciones UKIP conseguiría el 3,1% de los votos (919,471 votos del total) pero no consiguió representación. Este hecho fue duramente criticado desde el partido, pues fue el partido con mayor número de votos sin representación. Se haber un sistema puramente proporcional, ese 3,1% de votos que consiguieron habría significado alrededor de 20-25 representantes de 649.

A pesar de no conseguir el éxito esperado el partido mantenía una línea ascendente de votos y popularidad, pero frente a ello, una vez, más las cuitas internas superaron cualquier éxito conseguido y Lord Pearson abandonó tras apenas un año al mando como líder del partido. Entonces Nigel Farage, ya recuperado de su accidente le sustituiría como líder con más del 60% de apoyo de su partido.

Entonces, tras la reelección de Farage, el partido definitivamente se consolidaría. En las siguientes elecciones locales vivirían un aumento exponencial de sus apoyos, pasando a ser la tercera fuerza política en muchas ciudades y pequeños ayuntamientos. La popularidad de Farage con un discurso crítico con la Unión Europea aumentaba sin freno en detrimento de un partido conservador enredado en su propia gestión y unos liberal-demócratas que les apoyaban y cuyos votantes se sentían francamente decepcionados.

Así, en Noviembre de 2012 se producirían nuevas elecciones en Rotherham tras un caso de corrupción en el partido laborista y UKIP se alzaría como segundo partido más votado con cerca del 22% de los apoyos, sólo detrás de los laboristas y por delante del partido ultraderechista y racista British National Party, escisión del National Front de John Tyndall popular en esta ciudad de South Yorkshire.

Ese mismo día, 29 de Noviembre de 2012, también se celebraron elecciones en Middlesbrough donde consiguieron el segundo puesto, y en Croydon North donde tuvieron que conformarse con un buen tercer puesto.

UK_opinion_polling_2010-2015 Fuera del foco local, las encuestas comenzaron a dar al UKIP muestras de que sus intenciones de voto para unas elecciones generales estarían subiendo con fuerza desde comienzos de 2012 hasta situarse ahora junto a los liberal-demócratas peleando por el tercer puesto nacional, en torno a un 10% de los votos. Poco después en Febrero de 2013 conseguirían superarse a sí mismos con un 27,8% de votos para su candidata a las elecciones de Eastleigh.

Como puede apreciarse en gráfico adjunto, el crecimiento del UKIP se produce en detrimento, en general, de las dos fuerzas mayoritarias, el partido conservador y el partido laborista. A pesar de que no está aún cerca de ser un partido mayoritario ni mucho menos, sí que podría ser un partido decisivo en las próximas elecciones generales ya que cualquiera de los dos partidos podrían necesitarles.

Probablemente relacionado con todo esto en los últimos meses se están sucediendo las informaciones que relacionan a miembros del UKIP con el BNP (British National Party), que como he explicado previamente, formaba parte del National Front. El BNP mantiene una política inmigratoria racista y acosadora que “invita los inmigrantes y a su descendencia a irse a su casa de vuelta”. A la vez, mantiene un discurso anti-islamista cuyo principal argumento se basa vagamente en lo que consideran la “islamización de Reino Unido”. Este partido con el cual desde la prensa se relaciona al UKIP ha sido tildado por profesionales de la ciencia política y comentaristas de “fascista”, etiqueta que el partido ha rechazado.

Fundado en 1982 este partido consiguió casi un 2% de los votos en las Elecciones generales de 2010 y forma parte en el Parlamento Europeo de la Alianza Europea de Movimientos Nacionales junto a partidos como el Frente Nacional de Francia o Fiamma Tricolore, partido italiano escisión del fascista Movimiento Social Italiano de Mussolini que se negó a unirse a Alianza Nacional. En esta alianza europea también están el Partido Nacional Renovador portugués, también con un caro cariz nacionalista-ultraderechista y el Movimiento por una Hungría Mejor, del mismo tipo y con una amplia representación en la Asamblea Nacional Húngara.

Es destacable que tanto el Frente Nacional de Marine Le Pen como el UKIP estén consiguiendo en la actualidad un gran apoyo electoral fuera exclusivamente de la inmigración, tema estrella y recurrente de este tipo de partidos. Su crítica a las instituciones europeas está trayéndoles unos réditos electorales posiblemente inesperados para ellos mismos, ya que de esa manera consiguen atraer votantes que, en un principio, jamás se plantearían votar a un partido como Frente Nacional pero que en el tema Europeo mantienen una posición similar a ellos.

Podría decirse que en Reino Unido el UKIP es la versión amable del British National Party, ambos tienen unas ideas similares, pero el BNP mantiene una línea mucho más dura, abiertamente fascista, que también reduce sus expectativas electorales. Sin ir más lejos, John Tyndall, su fundador, afirmó que “El Mein Kampf es mi biblia” y David Cameron, conservador, advirtió que “Si votas al BNP estás votando a un grupo de fascistas… Se visten con traje y llaman a tu puerta amablemente pero siguen siendo nazis”.

La historia demuestra que en un contexto de crisis económica y política el voto tiende a polarizarse en opciones extremistas, sin embargo también hay que tener en cuenta cuánto de extremistas son esas opciones, pues partidos como el BNP quizás se pasen y sean tan radicales que sus expectativas electorales no sean buenas ni con ese contexto. Por ello hay que advertir de la aparición de partidos aparentemente novedosos y con ideas radicales pero dentro de lo que generalmente se consideraría aceptable, democrático o legal como el UKIP que combinan extremismo ideológico con un envoltorio populista que es capaz de movilizar a miles de votantes desnortados ideológicamente por el abandono de los partidos mayoritarios de sus más básicos principios en pos de su supervivencia en el poder al precio que sea.

El peligro de estos partidos, independientemente de su tendencia ideológica, es evidente. En Reino Unido la política abiertamente crítica contra la inmigración del UKIP junto con otras propuestas de corte derechista le ha reportado un notable apoyo electoral. Para evitar la fuga de votos por su derecha, el partido conservador en el poder ha adoptado recientemente una posición más dura porque determinados sectores del partido así lo reclamaban. Tras esto, las últimas semanas se están sucediendo las protestas anti-islámicas en distintas ciudades de Reino Unido organizadas por colectivos radicales de extrema derecha como la Liga de Defensa Inglesa y apoyadas por partidos más radicales que el UKIP y el partido conservador como el BNP.

En este clima de confrontación también se han producido detenciones en el bando contrario con 6 personas detenidas por planear un atentado contra la Liga de Defensa Inglesa mediante una bomba casera con clavos, varias pistolas, espadas, cuchillos e incluso un machete con el que pretendían asesinar a los radicales tras su manifestación.

El escenario político además no parece ir a mejor con las encuestas dando al UKIP ya cerca del 18% de los votos gracias al apoyo de la derecha más extrema y una población hastiada de la crisis económica que se agarra al partido como último recurso.

La situación política europea no es para nada halagüeña y tiene claros visos de empeorar a corto y medio plazo. Las Elecciones europeas son en un año y la tensión política irá en aumento. Sin embargo es probable que el discurso anti-inmigración del UKIP sea sustituido por otro antieuropeo igual de nocivo para la sociedad británica por su falta de base argumentativa, sustituida por mera retórica populista, que llevará el debate público por otros derroteros y que provocará, muy probablemente, que el partido conservador tenga que mover ficha de nuevo.

El UKIP probablemente no gane las Elecciones europeas, pero en el debate político de Reino Unido los demás partidos van a remolque. El peligro es que quien lleva el volante no sepa frenar a tiempo y los nacionalismos devoren la crisis como principal problema sin llegar a resolver el segundo.

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