Daniel Rubio Sánchez. Los mercados ya lo sabían. Al filo de una nueva crisis económica internacional de consecuencias imprevisibles y tras más de dos semanas de bloqueo político por parte del Tea Party, finalmente la situación se ha resuelto, de momento.

En esta última crisis política estadounidense ha vuelto a evidenciarse el control que ejerce el Tea Party sobre el Partido Republicano de EEUU. Este movimiento político estadounidense adscrito a posiciones fiscalmente ultraconservadoras y contrarias al aumento del endeudamiento del gobierno federal ha encontrado un fuerte apoyo entre algunos sectores de la población estadounidense. No le faltan tampoco apoyos en el propio Partido Republicano desde que se dio a conocer en 2009.

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El movimiento enarbola, según ellos, la bandera de la vuelta a los orígenes de los Estados Unidos. Con este pretexto defienden la vuelta a los Estados Unidos de 1787, año de aprobación de la Constitución de este país, a sus valores y a su forma de vida frente a la sociedad actual. Alimentados por la crisis económica originada tras la caída de Lehman Brothers y el estímulo financiero aprobado en 2009 al que se oponen, tienen un discurso duro, tachado por algunos analistas de “extremista” contrario al propio sistema actual. Anti-Washington y críticos con los centros de poder político aspiran a la vez a influir en ellos a través del Partido Republicano.

Sin embargo, en este movimiento confluyen diferentes ideologías que vacilan entre el conservadurismo más duro, posiciones económicamente liberales y hasta una concepción libertaria del liberalismo mezcladas con ideas socialmente ultraconservadoras (algunos líderes se han mostrado contrarios al aborto en caso de violación o han tachado a los homosexuales de enfermos) creando un cóctel explosivo. Esta curiosa agrupación de deferentes tendencias ideológicas, a veces marginadas por su extremismo, ha conectado con muchos ciudadanos estadounidenses hartos de la política que se llevó a cabo durante la era-Bush y, especialmente, de la que está llevando ahora a cabo Obama.

Frente a las políticas liberales (desde la perspectiva estadounidense) de Barack Obama y su polémico Obamacare, que pretende extender la cobertura sanitaria a un mayor número de ciudadanos, especialmente a los sectores más desfavorecidos la sociedad, el Tea Party se ha mostado inflexible. Su negativa ha sido clara y rotunda. Desprecian la reforma sanitaria de Obama con todas sus fuerzas.

Tea Party

Muchos de sus líderes mediáticos consideran la medida “socialista” y contraria a los valores clásicos de EEUU y apuntan a la medida con adjetivos que van desde “intervencionista” a “marxista”. No les faltan altavoces en los medios. Fox News, que siempre ha contado con una línea editorial conservadora pero que ahora es abiertamente favorable al Tea Party, debate sobre ello a menudo con tertulianos como Sarah Palin o, más recientemente, Ted Cruz. En el bando opuesto, con posiciones favorables a las políticas de Obama y el partido republicano encontramos a MSNBC o CNN o a economistas como Paul Krugman. Las posiciones más moderadas no atraen tanto a los espectadores.

Lo que ha ocurrido esta última semana no es más que laconstatación de que el partido republicano está dividido en dos bloques: uno más moderado que ha permitido evitar un desastre económico pero que no es del todo favorable, como es lógico, a las políticas de Obama y otro bloque radical que para llegar a sus objetivos ha permitido sin ruborizarse el cierre de la administración y que lidera el Tea Party.

Esta división es clara, John McCain (republicano moderado) afirmó que “Lo sabía, sabía que tendría este final” otros, más duros, afirman como el republicano Roy Blunt: “Logramos crear una división entre nuestras filas sobre algo en lo que estábamos unidos, sobre un asunto que no era alcanzable”.

El sector moderado del partido republicano es cada vez menos mayoritario y los líderes del partido se ven obligados a lanzar guiños a los electores más radicales cercanos al Tea Party para poder salir elegidos. Quienes no participan en esa especie de competición en busca de la pureza ideológica republicana suelen ser atacados y acusados de apoyar a los demócratas por parte del Tea Party y cuentan no cuentan con demasiadas posibilidades de resultar elegidos en cualquier proceso electoral dentro del propio partido republicano.

El panorama a largo plazo apunta a una radicalización progresiva del discurso del partido republicano en una constante búsqueda de la aprobación del sector más radical y ya con grandes cuotas de poder dentro del partido y los medios cercanos a él. La fractura entre los moderados y el Tea Party es ya evidente desde hace tiempo, pero los últimos acontecimientos, unidos a la ausencia de un líder republicano moderado claro han precipitado que esta se abra aúnmás. La ausencia de liderazgo republicano está siendo aprovechada por los más extremistas, que están ganando poder e influencia en el partido a una velocidad de vértigo.

La batalla interna solamente perjudica al propio partido y fortalece a un Obama que, por otra parte, no tiene demasiado de lo que sentirse orgulloso en su labor frente al gobierno de EEUU y a un partido demócrata que podría volver a ganar las próximas elecciones presidenciales, quizás con Hillary Clinton al frente.

Se abre un tiempo político en Estados Unidos de ardua batalla política dentro del propio Partido Republicano, pero también entre republicanos y demócratas con unas elecciones presidenciales a la vista que abrirán un interesante proceso electoral dentro de ambos partidos en búsqueda del próximo presidente de Estados Unidos.

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