Roberto Carro Vázquez (EQUO). El medio ambiente suena, como poco, lejano a la hora de hablar de las preocupaciones que acosan a la ciudadanía… ¿O quizá no tanto? Una encuesta realizada a 28000 ciudadanos europeos refleja un sentir mayoritario de preocupación por el medio ambiente. Según la misma, la conciencia ecológica aumenta, así como la percepción de que el medio ambiente incide directamente en la vida cotidiana y de que los factores sociales y medioambientales deberían influir tanto como los económicos a la hora de medir el progreso de un país.

Y es que realmente no son pocos los titulares que advierten de cuán insostenible se está volviendo nuestra situación en este planeta (“La concentración de CO2 registra el mayor incremento anual en 30 años”, “La Tierra y el cambio climático: cambios profundos en 2050”, etc.) si bien nos hablan en términos poco cercanos o de escasa influencia directa (amén de cortoplacista) por lo que su efecto sobre el general de la sociedad se disipa rápidamente. Es por eso que ahondando en estas cuestiones descubrimos la relación tan estrecha que existe entre la actual crisis ecológica, social y política, lo que nos lleva a pensar en la gran transformación que se requiere para vivir acordes con la realidad y dentro de los términos de justicia social y ambiental.

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Así, surge un nuevo modelo político adaptado a las exigencias que la situación actual nos reclama, y es aquel basado en la ecología política. La ecología política se define como una corriente política ecologista que pone en entredicho el constante crecimiento y productivismo, difícil de encajar e identificar con los conceptos tradicionales de izquierda o derecha y que se fundamenta en la defensa de los Derechos Humanos, así como en la democracia participativa en lugar de representativa. Por tanto, se postula como la alternativa política que reúne una gran parte de las demandas actuales, fundamentada en el concepto de solidaridad entre los seres vivos y que no se limita al ámbito medioambiental, sino que integra el medio ambiente de manera transversal en los demás campos en los que la política debe tomar partido, como pueden ser la economía (premiando prácticas respetuosas, castigando a aquéllos que más contaminen…), la educación (imprescindible para dar a conocer la situación actual e inculcar el respeto por el entorno…), etc.

Así, esta ideología constituye un verdadero motor de transformación social que pretende dar respuesta a los problemas actuales, y no se detiene en ser un simple complemento preparado para su dilución en otro marco ideológico más amplio, pues, como sugerimos, constituye un marco en sí mismo. Son varios los ejes que la ecología política lleva por bandera desde los años 70 (aquí explicamos dos de los más destacados y a menudo controvertidos), y que ha ido reafirmando y adaptando a medida que se daba su evolución.

Eje 1: Decrecimiento y antiproductivismo

Estas palabras se hallan cargadas de una tremenda connotación negativa, primeramente por sus prefijos DE y ANTI, segundo por la extendida idea de que las palabras crecimiento y productivismo siempre representan algo bueno y positivo. ¿Esto es así? Estos términos presentan como principal objetivo dejar a un lado la intención del “crecimiento por el crecimiento”, y no representa nada negativo. Como ejemplo, cito la siguiente frase argumentada por sus defensores: “Cuando un río se desborda, todos deseamos que decrezca para que las aguas vuelvan a su cauce”.

El constante crecimiento encaminado a la máxima eficiencia económica se muestra incompatible con los límites del planeta y los recursos finitos que este puede ofrecernos. Sin ir más lejos, este año 2014 hemos acabado en menos de 8 meses con los recursos naturales que la Tierra genera en un año. Así pues, se ha agotado nuestro “presupuesto ecológico” según estudios que analizan, entre otros, factores como la Huella Ecológica. El consumo actual nos sitúa fuera de los límites marcados por el planeta, necesitando 1,5 planetas para dar respuesta a las necesidades de consumo. En 2050, si se mantiene esta evolución, serán necesarios 3 planetas. Las cuentas, claramente, no cuadran. Así, la lógica parece conducirnos a una economía social y ecológica frente a la actual, pues se puede “vivir mejor pero con menos”.

Por último, cabe destacar que la concepción original de sostenibilidad (el llamado “desarrollo sostenible”) ha tenido la capacidad de introducir en la mente de muchas personas la necesidad del respeto por el medio ambiente y de dar los primeros pasos de cara a su protección. No obstante, ha mostrado que no es capaz de detener la debacle ecológica (y por tanto también social) que se aproxima, por lo que es necesario dejar que este concepto evolucione y se sumerja en el aquí expuesto, manteniendo a poder ser intacta su capacidad para crear conciencia ecológica.

Eje 2: Radicalidad democrática

La radicalidad democrática, virando de la democracia representativa a la participativa, es una prioridad necesaria. Con principios como la horizontalidad, la participación activa de la ciudadanía (rompiendo los muros que siempre han separado a la vieja política de la población) o la igualdad de género (entre otros), parece imprescindible que la ecología política ocupe un lugar relevante, más allá de las cuestiones puramente medioambientales, y es que esta ideología, como se ha dado a intuir anteriormente, no se queda limitada a ese ámbito.

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¿Se ve esto reflejado en EQUO? ¿Cómo recoge e impulsa EQUO la ecología política? Al margen de la clara y relevante trayectoria en temática medioambiental (y no sólo en este ámbito) de destacados miembros del partido, los programas y prioridades de EQUO son firmes y se enmarcan en los principios de la ecología política. Dos pilares fundamentales son los que siguen:

  • Por un lado se impulsa la economía verde, desde la equidad y respetuosa con el planeta. Sin ir más lejos, la OIT (Organización Internacional del Trabajo) considera que se podrían crear 2 millones de puestos de trabajo en este sector en la próxima década si se adoptan las políticas adecuadas. Esto, por supuesto, no se está llevando a cabo, sino todo lo contrario.
  • Por otro, se destaca la importancia del cambio de modelo energético, basado en el ahorro energético, las energías renovables y una eficiencia sostenible, e impulsado por diversos movimientos y plataformas, como “Nuevo Modelo Energético”. Es decir, dejar atrás el empeño en el empleo de combustibles fósiles o los peligros de la energía nuclear para dejar paso a una energía limpia.

Como conclusión, cabe destacar que la ecología política ha venido para quedarse, esperando ser aceptada de manera voluntaria y a tiempo, y no de manera forzada en un futuro. Así, más que por la izquierda o por la derecha, la ecología política va por delante, como mencionaron ya allá por 1984 los verdes alemanes (Die Grünen) en su manifiesto fundacional.

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