Análisis

Política y redes sociales: nuevos paradigmas


Daniel Rubio Sánchez. A quienes hemos nacido bajo el paraguas de un sistema democrático ya plenamente consolidado nos cuesta, aun más si cabe, concebir una sociedad sin libertades. Sin embargo, no hace demasiado tiempo, en España la libertad era más una aspiración que una realidad tangible. Con la llegada de la democracia y la libertad también llegaron nuevos medios y nuevas formas de hacer información.

A este respecto existe el pensamiento, bastante extendido, de que sin unos medios de comunicación libres los ciudadanos no lo son tampoco. Este planteamiento configura un sistema triangular en el que representantes públicos, medios y ciudadanos juegan papeles diferentes. Los mensajes del gobierno y oposición llegan a los medios, y estos hacen llegar a su vez ese mensaje a los ciudadanos.

Con la llegada de la democracia y su progresiva madurez se han ido abriendo, tímidamente, algunas vías de comunicación entre ciudadanos y representantes políticos, pero para algunos ciudadanos son aún a todas luces insuficientes. En otro sentido, la comunicación entre ciudadanos y medios sí ha evolucionado en mayor medida, abriendo nuevas relaciones especialmente en el plano digital con la inclusión de secciones de comentarios y en la edición de papel con las cartas de los lectores. A pesar de esto, las aperturas producidas en uno u otro sentido se antojan insuficientes para una nueva generación de ciudadanos más exigentes con sus representantes y con sus medios.

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Parece difícil asegurar con total seguridad que este nuevo nivel (más elevado) de exigencia a gobierno, partidos políticos y medios de comunicación se produzca a partir de la explosión de nuevas formas de comunicación entre los propios ciudadanos, pero es en todo caso innegable que los cambios tecnológicos producidos en los últimos 25 años han establecido un nuevo marco de relaciones con lo que se considera el quinto poder y los representantes públicos.

La llegada de estas nuevas formas de comunicación interpersonal han roto la dinámica establecida hasta el momento de poder político-medios-ciudadanos. Rota esta dinámica se ha roto también la capacidad del poder político de controlar qué llega y cómo a los ciudadanos. La aparición de espacios como Twitter, de gran popularidad en la actualidad, ha convertido a todos los ciudadanos en comunicadores públicos (que no periodistas) de lo que sucede en cualquier parte del mundo a cualquier hora y con un alcance y capacidad de propagación jamás imaginado por los propios medios de comunicación tradicionales en sus ediciones de papel.

En este sentido es cierto que los medios tradicionales han tratado de adaptarse, a su manera, a los cambios sociales que se han producido con gran velocidad especialmente el último lustro. Todos los medios cuentan con perfiles en redes como Facebook o Twitter donde publican enlaces a sus artículos o retransmiten las noticias al minuto con mayor rapidez incluso que en su propia web. Se habla desde hace años de la muerte de los medios en papel y de una transición necesaria hacia nuevas formas de periodismo digital cuyo marco quedaría establecido en torno a una página web semigratuita o de pago. Algunos medios han surgido al calor de estos cambios (ElDiario.es, Infolibre…) mientras que los tradicionales avanzan en esta línea a poca velocidad mientras sus ventas en kiosco caen oleada a oleada de la OJD.

Aun con estos movimientos, que ciertamente se están produciendo a distintas velocidades, el clima político ha caldeado en varias ocasiones movilizaciones ciudadanas que han logrado un éxito de participación notable al margen de los medios. Dos buenos ejemplos de la capacidad de movilización derivada de la aparición de nuevas formas de comunicación son las manifestaciones convocadas tras el 11M y las manifestaciones del 15M y las posteriores acampadas en la Puerta del Sol. No deja de ser destacable que ambos fenómenos políticos se produjeran desde el ámbito de la izquierda, más proclive a informarse en medios alternativos como los anteriormente citados, que han sabido captar las nuevas formas de buscar información a su público potencial.

En el primer caso las movilizaciones, producidas a raíz de las sospechas de duda sobre las explicaciones difundidas por el ejecutivo de Aznar, se convocaron de manera aparentemente apartidista a través de SMS entre ciudadanos que dudaban de la versión oficial del atentado producido el 11 de marzo de 2004.

Diversos análisis escritos y documentales (algunos más objetivos que otros, todo sea dicho) han sostenido que dichas movilizaciones frente a las sedes del Partido Popular de toda España, esencialmente de ciudadanos y representantes políticos de la izquierda, unidas a movimientos políticos en forma de declaraciones alteraron en algún grado los resultados de las elecciones que se celebraron el 14 de marzo. A partir de este momento comienza a tenerse en cuanta la capacidad de cambio que nuevas formas de comunicación pueden tener sobre la realidad política española. Un primer estadio de un proceso cuyas consencuencias aún desconocemos.

En otro sentido, pero con un punto de partida esencialmente similar en lo que se refiere al uso de las nuevas tecnologías para la transformación social, surge el movimiento 15M en la Puerta del Sol de Madrid a raíz de una multitudinaria manifestación nutrida de diferentes grupos sociales (estudiantes, jóvenes con estudios pero sin perspectivas laborales dentro de España, adultos descontentos con la gestión de la crisis, pensionistas…). Este movimientos de “indignados”, como así se han hecho llamar a sí mismos, surge de manera apartidista (que no apolítica, ni mucho menos) y sin el apoyo expreso de ningún partido político ni sindicato. Bajo el lema “Democracia Real Ya” y liderados por asociaciones como Juventud Sin Futuro logran llenar el centro de la capital de miles de ciudadanos que reivindican, pacíficamente, otra forma de hacer las cosas.

LOS INDIGNADOS DEL 15M ABARROTAN LA PUERTA DEL SOL DE MADRID EN EL PRIMER ANIVERSARIO DEL MOVIMIENTO    

A partir de este momento y sin el apoyo inicial de los medios de comunicación tradicionales centenares, luego miles, de ciudadanos toman la Puerta del Sol en señal de protesta contra un sistema que consideran que debe cambiar. En desalojo de la Puerta del Sol la primera noche llamará la atención de los medios, pero donde verdaderamente estallará una repulsa a la acción policial será en las redes sociales (esencialmente Twitter y Facebook), donde se convocará una nueva protesta para esa misma tarde cuya asistencia desbordará todas las previsiones y comenzará, ahora sí, a despertar el interés de los medios de comunicación tradicionales.

La prensa en papel, pero también muchos de sus columnistas, no supieron analizar con suficiente rigor un fenómeno que dieron por efímero y, auguraron, no duraría más de unos días. No fue así ni mucho menos, si bien es cierto que el núcleo de protesta ha terminado por extenderse en diferentes barrios de la capital en grupos de trabajo de diferentes áreas que se han encargado de configurar una alternativa política desde abajo frente a los partidos tradicionales. Una alternativa que parece haber ya cristalizado.

En este caldo de cultivo, ya desde finales de 2013 un grupo de politólogos y expertos en comunicación política de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid capitaneados por Pablo Iglesias, también profesor de esa facultad, comienzan a gestar un proyecto político alternativo que sí sabrá atender al embrión generado por el 15M que había quedado latente a la espera de que alguien supiera liderarlo. No fue el caso de Izquierda Unida, que pese a sus intentos de ejercer control sobre el movimiento no logró rentabilizarlo en exceso por sus pecados y del pasado y el presente y la tendencia conservadora e inmoviliza que anida en las estructuras del PCE. Tampoco sería el caso de UPyD, que con un programa regenerador no planteaba una verdadera ruptura. Equo, por su parte, tampoco lograría despegar de la mano de los indignados, si bien sus militantes también estuvieron presentes en las concentraciones.

Se había gestado un clima de ruptura con lo establecido que no había cristalizado todavía en las elecciones de 2011 por la inercia, aún potente, de votar al partido contrario para castigar al gobierno. Las mentiras del gobierno de Mariano Rajoy, su incumplimiento del programa electoral, la corrupción que se destapará en el seno del PP y una política económica contra las clases medias romperán finalmente esa dinámica hasta un punto sin precedentes en la historia electoral de España desde la desaparición del CDS. Por primera vez los votantes situados a la izquierda (del 1 al 5 en la escala del CIS) y los votantes de derecha (5 a 10) no optarán mayoritariamente por la alternancia, sino por nuevas alternativas. Establecer una relación causa-efecto entre los cambios que pudo producir el 15M en estas dinámicas establecidas durante décadas en el electorado español sería arriesgado e incluso equivocado, pero es innegable que se trata de un fenómeno que alteró el tablero político.

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Mucho se escribió en esa prensa tradicional acerca de la procedencia ideológica de los manifestantes del 15M. Efectivamente los que se declaraban manifestantes del movimiento se declaraban esencialmente de izquierdas y su pujanza puede explicarse también en la incapacidad del PSOE de articular una alternativa de izquierdas que satisficiera a una parte del electorado que reclamaba cambios profundos que los socialistas no estaban dispuestos a liderar, de hecho su política económica tras el estallido de la crisis había girado hacia planteamientos más cercanos a la derecha.

Sin embargo, centrarse en si los manifestantes eran más de izquierdas o derechas sería una simpleza. Las medidas, no demasiado numerosas, ni complejas ni desarrolladas se basaban esencialmente en 5 pilares: una nueva ley electoral más proporcional para terminar con el bipartidismo y favorecer la aparición de alternativas, un nuevo sistema de financiación de partidos, terminar con la corrupción con medidas como el fin de los indultos o la prohibición de los imputados en las listas, luchar contra el altísimo paro juvenil y medidas económicas destinadas a salvar a las personas y no a los bancos.

Estas medias, según un sondeo de 2011 Metroscopia en junio 1, recibían un apoyo del 90% de la población. Un 66% de los entrevistados decía sentir simpatía hacia el 15M y un 81% defendía que los indignados tenían razón. Es cierto que el movimiento, más escorado hacia la izquierda en tanto que defiende cambios radicales y profundos del sistema democrático y la política económica, recibía más apoyo entre los votantes del PSOE (78%) que los del PP (46%), pero no deja de ser destacable que casi la mitad de los electores del Partido Popular se sumasen a unas reclamaciones tan alejadas de lo que defienden los conservadores.

En este clima favorable a cambios de calado y calentado por la falta de alternativa de un PSOE liderado por Rubalcaba, el movimiento liderado por Pablo Iglesias, ya muy presente y cercano al 15M en su momento, anuncia que se presentará a las elecciones europeas.

Bajo una estrategia calculada hasta el milímetro en los medios y las redes sociales, Podemos, que así se hará llamar la candidatura en una llamada a ese 15M latente, logra dominar el debate político antes de las elecciones con un presencia constante en los medios de comunicación tradicionales, pero también en las redes sociales (verdadero campo de batalla del partido) donde lograrán colocarse pronto como uno de los perfiles de partidos políticos más seguidos (actualmente ya lo son) y lograrán que, en apenas unos meses, la mayoría de los electores ya conozca a su candidato Pablo Iglesias.

No será ni mucho menos casual el éxito obtenido, si bien los resultados electorales siempre son imprevisibles en gran medida, puesto que el equipo de Podemos está conformado por los mejores expertos del ámbito de la comunicación política en España. Sus intervenciones en los debates, como ha reconocido Pablo Iglesias, están entrenadas una y cien veces antes de salir a plató. Dispone de asesores que le aportan los datos antes y durante el debate utilizando su teléfono y iPad y sabe qué decir en qué programa porque conoce perfectamente el tipo de espectador que ve cada espacio. Sus rifirrafes, además, facilitarán que la audiencia se interese por él. Si se da este caso, los perfiles del partido ya tendrán subidas todas sus intervenciones en los programas a YouTube al día siguiente y ya los habrán publicado varias veces en diferentes redes sociales a lo largo del día para favorecer su difusión.

Esta forma de combinar ambas formas de comunicación facilita que Podemos pueda lograr apoyos tanto de gente que no se interesa en exceso por la política por hastío o simple desinterés como de perfiles más ideologizados e interesados en saber qué ocurre, más y mejor informados y con un nivel de formación más elevado. Así se explica también el éxito obtenido ya el 25M entre los universitarios según el barómetro postelectoral del CIS 2 , público al que supieron dirigirse adecuadamente a través de los medios que ellos, en general, más utilizan.

Es destacable que, según este mismo barómetro, quienes dicen haber votado a Podemos en las elecciones europeas del 25M sean quienes en mayor medida sostengan que la campaña electoral les ha servido mucho o bastante para informarse sobre los programas y propuestas en política europea de cada partido o coalición con un 34% frente al 28% de los de UPyD, el 25,6% de los de Izquierda Plural o el 23,6% del PSOE. Para los votantes de Podemos, la campaña ha servido en gran medida para decidir su voto mucho o bastante (25,4%, uno de cada cuatro votantes) frente a la ineficacia de la Izquierda Plural (16,7%), el PP (18,5%) o el PSOE (17,2%).

Respecto a los medios por los que estos votantes se han informado, lo han hecho a través de los tradicionales (papel e internet) a un nivel equiparable al del resto de formaciones con un 24,9% frente al 32% de UPyD, el 25,5% de Izquierda Plural o el 18,2% del PSOE eligiendo mayoritariamente estos el periódico El País para hacerlo de forma muy mayoritaria (38,1%) seguido de El Mundo (4,2%).

Quienes dicen haber votado a Podemos el 25M se informaron por televisión de la campaña electoral en mayor medida que el resto de partidos con un 54,3%, confirmando en cierta medida la hipótesis de que su aparición constante en televisión impulsó mucho la candidatura. Lo hicieron, según ellos, mayoritariamente a través de La Sexta (39,2%). No destaca especialmente la utilización de la radio, una forma de comunicación más tradicional y ligada a generaciones de mayor edad, pero en todo caso destaca la Cadena Ser como emisora de referencia (58,8%).

Todo esto viene a representar que no estamos todavía (y no tiene por qué llegar a suceder nunca) ante el fin de los medios de comunicación tradicionales. Como demuestra el análisis postelectoral del CIS son una herramienta de comunicación política vigente y útil para llegar a sectores poblaciones que aún no se han subido al carro de las nuevas tecnologías, pero sí es cierto que estamos ante una transición hacia nuevas formas de comunicación que, combinadas con las tradicionales, pueden conformar una comunicación casi perfecta que provoque fenómenos electorales como el de Podemos.

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En lo que se refiere al uso de redes sociales Podemos destaca de nuevo tanto entre quienes dicen tener perfil en Facebook como en Twitter junto a Izquierda Unida. Llama la atención, negativamente, el poco uso que haría quienes aseguran haber votado a UPyD en las europeas. Se trata de un partido tradicionalmente mal tratado por los medios tradicionales que debería suplir esas carencias comunicativas con una buena estrategia en otras formas de comunicación, pero que aparentemente no estaríar surtiendo efecto.

Los resultados del barómetro en lo referente a Podemos indican que su estrategia de comunicación a a través de estas redes, por lo tanto, ha sido acertada. De hecho, un 33,9% de los que dicen haberles votado aseguran haber recibido o accedido a información sobre la campaña o sobre política a través de internet sin haberla buscado expresamente (a trabé del correo electrónico, YouTube, Facebook, etc.). Como comparación, solo un 20,6% de los votantes del PP declaran haber vivido esta situación.

Los electores que iban a votar a Podemos han sido especialmente activos políticamente, pues a la pregunta de ¿ha enviado Ud. a algún/a amigo/a o conocido/a algún mensaje por correo electrónico, Whatsapp, SMS u otro medio con temas relacionados con estas elecciones? la distribución de las respuestas según partidos es la siguiente:

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Parte del éxito de Podemos puede explicarse por su buena campaña durante las últimas semanas antes de las elecciones, pues casi la mitad de los votos que supuestamente recibiría el 25M se decidieron según el CIS durante la última semana o unos días antes lo que podría demostrar que su campaña funcionó.

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Se antoja difícil imaginar próximas campañas electorales con las mismas estrategias conservadoras de siempre. Probablemente todos los partidos intenten imitar los aciertos comunicativos de Podemos. En esta línea, la presencia de representantes del PP en los medios de comunicación, y especialmente las tertulias, ha aumentado ostensiblemente durante los últimos meses. Izquierda Unida, casi fagocitada por el auge de Podemos, parece apostar por caras jóvenes y cercanas a los movimientos sociales como Alberto Garzón (posible candidato para las generales de 2015) o Tania Sánchez. UPyD parece haberse percatado, por fin, de que saber vender un mensaje es tan importante como que el mensaje sea sólido y últimamente acuden nuevas caras como Irene Lozano.

Los partidos políticos tradicionales, ya conscientes de lo que se juegan en un campo de batalla que no controlan con tanta facilidad como los medios cada vez apuestan más por espacios como Twitter donde constantemente informan sobre decisiones políticas, votaciones, visitas oficiales o acuerdos. No se puede negar que tanto el PP como el PSOE lo intentaron, tarde y mal pero lo hicieron. Miguel Arias Cañete, al poco de ser nombrado candidato por Rajoy, ya contaba con perfil en esta red social. Elena Valenciano por su parte regresó a Twitter tras recibir amenazas hace unos meses consciente de que debía utilizar este espacio digital como herramienta política para impulsar su candidatura. No les sirvió de mucho a ninguno de los dos, pues tampoco han de confundirse las opciones que pueden aportar estas nuevas formas de comunicación con el éxito asegurado. Si no se comunica algo atractivo poco importa si se hace bien, que tampoco fue el caso. Ver a Cañete montado en tractor o a Valenciano enseñando su palma de la mano no es muy gratificante ni llama especialmente a votar. Sosa Wagner, candidato de UPyD ni siquiera optó por hacerse perfil pese a ser prácticamente desconocido por los españoles y Willy Meyer, entonces candidato de La Izquierda Plural, no destacó tampoco especialmente en este ámbito. Se dejó un espacio importantísimo a Podemos y lo aprovecharon.

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Entrar a debatir sobre el número de seguidores de los distintos representantes políticos o los perfiles de los partidos sería un tanto absurdo teniendo en cuenta que existe la posibilidad de compra de seguidores falsos. En todo caso es destacable que el perfil de Pablo Iglesias haya conseguido superar en seguidores incluso al de Mariano Rajoy. Esto no implica necesariamente adhesión, pero sí garantiza que su mensaje llega a decenas de miles de personas y en muchos casos centenares de miles gracias a los retweets. Es totalmente cierto que más de un 75% de esos seguidores han sido a posteriori de los resultados de las europeas, un hecho quizás provocado por el fenómeno bandearon experimentado por la formación también en las encuestas. Todo el mundo se quiere apuntar al caballo ganador, y ese caballo ganador hoy en día es Podemos.

Se han dirigido a un sector de la población que cada vez es más mayoritario teniendo en cuenta la tendencia hacia la digitalización que se viene produciendo durante la última década y lo han hecho con un mensaje claro que han repetido como un mantra y ha terminado por calar entre quienes buscaban que así fuera. No es de ningún modo casual que sus votantes sean quienes más utilicen las redes sociales o quienes se hayan informado más durante la campaña. Esto es consecuencia de una estrategia de comunicación acertada. Sin olvidar en ningún momento la importancia que aún tienen, y tendrán, han optado por buscar a sus votantes potenciales donde sabían que los encontrarían.

Mucho deben aprender el resto de formaciones políticas que aspiran a ser alternativas sobre lo ocurrido estas elecciones europeas en estas nuevas formas de comunicación si quieren jugar a ganar. Más allá de la idoneidad, aplicabilidad o coherencia de sus ideas su mensaje político ha calado no solo por populista como argumentan algunos analistas, también lo ha hecho porque ha sabido interpelar correctamente desde distintos medios, tanto tradicionales como únicamente digitales (ElDiario.es, Infolibre, Público…) o redes sociales, a un votante hastiado de la situación actual y que ha encontrado en los mensajes que le lanzaba esta formación política una válvula de escape a su frustración.

Solo el tiempo dirá si Podemos es o no un fenómeno pasajero, pero su forma de comprender la comunicación política ha venido para quedarse, o mejor dicho, ya existía pero nadie supo verlo. Ellos sí lo hicieron a tiempo.
1 http://politica.elpais.com/politica/2011/06/05/actualidad/1307231940_787459.html
2 http://www.cis.es/cis/opencm/ES/1_encuestas/estudios/ver.jsp?estudio=14083

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