Análisis

¿Pablo Iglesias o Mariano Rajoy?: el dilema de Pedro Sánchez


Daniel Rubio Sánchez. Parece apostar por políticas bastante distintas a las defendidas por el PSOE hasta el momento. Parece estar dispuesto a corregir los errores del pasado. ¿Es Pedro Sánchez lo que parece? ¿Será Pedro Sánchez lo que necesita el PSOE?

pedro_sanchez_flicrk

Era inevitable. El recambio generacional en la Secretaría General del PSOE era un clamor entre las bases socialistas durante el anterior periodo de Alfredo Pérez Rubalcaba. Su figura, ligada al pasado (en lo bueno y en lo malo) no era más que la continuación de un lastre que comenzó con la segunda legislatura de Rodríguez Zapatero.

Mucho se ha escrito sobre el giro económico copernicano del PSOE en mayo de 2010 cuando la crisis económica parecía haber venido para quedarse y la recesión era ya un tecnicismo económico instalado en el vocabulario común de los españoles. Desde la izquierda se les acusado, no sin cierta razón, de haber traicionado sus principios. Desde la derecha española siempre han preferido centrarse en la gestión más que en un cambio de programa económico que, a la postre, han terminado por aplicar aún con más contundencia y sin resistencias internas.

Es más importante en todo caso entender este cambio, a raíz del cual los socialistas articulan un programa de recortes económicos para atajar una crisis de deuda provocada por un nivel de déficit muy elevado, como un giro que deja sin alternativa económica efectiva al país. Con sus diferencias, que no son pocas en todo caso, PP y PSOE pasan a compartir esencialmente unos principios económicos similares. Estabilidad presupuestaria para garantizar la financiación del Estado Social. Parece comprensible, pero no toda la izquierda comparte esta idea, ni siquiera todo el PSOE. Esta división de la izquierda vendrá acompañado un crecimiento de las protestas sociales (el 15M surge, no por casualidad, un año después) y de la izquierda alternativa.

La crisis de identidad de los socialistas se resolvió erróneamente apostando por lo que se consideró estabilidad (Rubalcaba), pero que en realidad terminó por ser continuismo a ojos de unos ciudadanos que empezaban a llevar demasiados años sufriendo las consecuencias de la crisis. Estos ciudadanos castigaron muy severamente al PSOE, que registró su peor resultado histórico el 20N de 2011 ya con Rubalcaba al frente del partido. Nadie se imaginaría entonces que ese resultado sería un objetivo casi inalcanzable dadas las perspectivas actuales.

Tras dos años y medio perdidos con una oposición socialista desnortada, sin alternativas, sin discurso y con partidos a su izquierda cada vez más fortalecidos tras los nefastos resultados de las elecciones europeas se inicia, por fin, el proceso de regeneración del PSOE. Sánchez llega a la dirección del PSOE con una imagen de hombre moderado, de centroizquierda, con intenciones reformistas y con un estilo cercano a la socialdemocracia europea actual encarnada en Manuel Valls o Mateo Renzi.

No hace falta fijarse demasiado para percibir con facilidad el cambio de imagen respecto a Rubalcaba. Frente a los trajes clásicos (que Sánchez utiliza en el hemiciclo al interpelar al gobierno) ahora se apuesta por las camisas blancas en señal de limpieza o la ausencia de corbata como imagen desenfadada. No solo se ha renovado el líder, también quienes le rodean. La nueva Ejecutiva también es más joven. Es interesante también fijarse en la imagen que da a los medios como líder del a oposición en el Congreso de los Diputados rodeado de figuras como César Luena (34 años), Carmen Montón (38) o María González Veracruz (35 años) frente a un presidente rodeado de Rafael Hernando (53) o José Antonio Bermúdez de Castro (55) además, es cierto, de Soraya Sáenz de Santamaría (43).

En todo caso, un cambio de imagen difícilmente podrá compensar los problemas internos de partido que a día de hoy tiene el PSOE. Problemas de coherencia al decir una cosa y la contraria dependiendo de la comunidad en la que lo propongan, problemas de cohesión en torno al asunto catalán, problemas de credibilidad al presentarse ahora como adalid contra la corrupción y problemas tan serios como que una parte cada vez más creciente de la población no vea en ellos la alternativa al gobierno de Mariano Rajoy.

No lo tendrá fácil Pedro Sánchez estos próximos años. La reconfiguración de tablero político con el imparable ascenso de Podemos les coloca como partido necesario para la futura formación de gobiernos. Su influencia en el futuro parece clara, ¿pero en qué sentido?

Mucho se está debatiendo en la actualidad acerca de la posibilidad de una gran coalición electoral formada por el Partido Popular y el PSOE, pero no parece totalmente descartable tampoco (al menos por las declaraciones de los principales dirigentes del PSOE) una coalición con Podemos. Esa coalición, a mi entender, supondría una fuga de votos moderados del PSOE hacia un PP que se erigiría como alternativa moderado a un gobierno claramente de izquierdas. La otra opción, por el contrario, supondría la desaparición del PSOE como alternativa moderada de izquierdas del país.

No parece un panorama demasiado alentador. En todo caso, al contrario de lo que parece que sucederá con formaciones anteriormente en alza como IU o UPyD que ahora de dirigen hacia la irrelevancia parlamentaria, el PSOE tiene la posibilidad de definirse, algo que en política no es tanto visto como una oportunidad sino como un problema. Se hace francamente difícil asimilar que la militancia socialista aceptase una coalición con el PP, por mucho que la justificación fuera mantener a raya al “populismo” de la misma forma que se me hace complicado comprender los motivos por los que el PSOE fuera a dar a su principal adversario político de la izquierda la posibilidad de llegar al Gobierno de España.

La otra posibilidad, menos comentada, y a mi entender más probable, sería un nuevo gobierno conservador con apoyos puntuales del PSOE en temas esenciales (reforma constitucional, PGE…) pero que a ojos de los ciudadanos aparentase ser algo completamente distinto al PP. Quizás la situación política haya llegado en España a un punto en el que juegos así ya no funcionen, pero más valdría intentarlo que un suicidio directo al estilo PASOK.

La apuesta de Pedro Sánchez parece y solo parece, porque hasta el día después de las elecciones no sabremos cuál es su apuesta real, ser la de la estabilidad. La aparición de Podemos como fuerza de cambio en la izquierda y el agotamiento de una Izquierda Unida más dócil de cara a los pactos con los socialistas ha forzado al nuevo PSOE de Pedro Sánchez a reforzar un mensaje propio que trata de desmarcarse tanto de lo que llaman “inmovilismo político del Partido Popular” y “el populismo”, etiqueta que utilizan peyorativamente para referirse al partido liderado por Pablo Iglesias sin nombrarles directamente. Así, el PSOE pretende establecerse como una fuerza moderada en el espectro político capaz de captar tanto a votantes con planteamientos reformistas (no rupturistas como Podemos) y progresistas que no llegan a comulgar con las tesis políticas de Izquierda Unida o Podemos.

40 ANIVERSARIO DEL CONGRESO DEL PSOE EN SURESNES

Pedro Sánchez aboga por un PSOE de grandes mayorías. Un modelo de partido y políticas inspirados en una socialdemocracia europea cada vez más cercana a esa tercera vía inaugurada por los laboristas británicos de Tony Blair relativamente similar a las tesis más progresistas del liberalismo o los planteamientos más liberales de la socialdemocracia clásica. Abre de esta manera un espacio a su izquierda que, de todos modos, ya estaba siendo ocupado por otros partidos en auge, pero apuesta por las mayorías sociales que se ubican en el centro político y entra en combate directo con el PP o, en menor medida, con UPyD. Corre el riesgo, sin embargo, de facilitar a los partidos a su izquierda esa igualación algo tramposa con el PP que ya utilizan al acercarse a su espacio.

De cómo sepa el PSOE diferenciarse dependerá que ese pensamiento de que PP y PSOE son iguales bastante instalado ya en la ciudadanía cale realmente y pueda seguir perjudicando gravemente a los socialistas. En este sentido no es casualidad, y demuestra que la estrategia está bastante más estudiada de lo que parece, que a la vez que el partido inicia un viraje hacia el centro político se refuercen los mensajes de identidad (ley de matrimonio igualitario, ley del aborto, política territorial…) que eviten esa temida comparación con un PP que también parece haberse dado cuenta de que a largo plazo su futuro electoral pasa por moderarse en el aspecto social. En este sentido, se aprecian también cambios en la orientación del programa económico con el brindis al sol de enmendarse su propia reforma constitucional del artículo 135. Solo el tiempo dirá cuánto recorrido tiene esa estrategia.

Quizás el nuevo enfoque ideológico que ha tomado el PSOE sea acertado, como lo ha sido a largo plazo la decisión del PP de no sacar adelante una ley del aborto que les alejaba del centro político, pero ambos parecen olvidar que la falla política identitaria clásica entre izquierda y derecha ha dado paso a un nueva donde los “partidos viejos” se enfrentan a “partidos nuevos”. No deja de estar vigente la diferencia entre izquierda y derecha pero parece tener más importancia una nueva falla (cleavage) creada a raíz de la merecida crítica a los partidos mayoritarios o “viejos”.

La supervivencia del PSOE como partido hegemónico de la izquierda capaz de gobernar y transformar la sociedad a través de su tarea ejecutiva dependerá de su capacidad para rearmarse ideológicamente sin renunciar a sus esencias y saber identificar qué piden los ciudadanos y qué reclaman sus electores. No bastará con caras nuevas o jóvenes. No bastará con un líder joven. No bastará con declaraciones que no llevan a ninguna acción concreta cuando se ejerce el poder. Hace falta proyecto, plantear una alternativa diferenciada a las políticas del Partido Popular sin sectarismos pero sin renunciar a las esencias que definen y diferencian al PSOE, dar una salida diferente a la crisis y demostrar que se pueden hacer las cosas de otra forma. Aún es pronto para saber si Pedro Sánchez es capaz de liderar ese cambio, porque España grita a favor del cambio. Mantener cuatro años más al PP en La Moncloa podría condenarles a la eterna irrelevancia. Solo queda esperar a ver a qué aspira realmente Pedro Sanchez.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s