Daniel Rubio Sánchez. Quienes estudiamos Relaciones Internacionales sabemos que la Geopolítica no goza en la actualidad en términos generales de gran popularidad dentro de la disciplina. Su visión anticuada de las relaciones internacionales y su estrecha relación con la teoría realista han provocado que su enfoque haya quedado desterrado a círculos centrados en el estudio de la seguridad y la defensa, think tanks clásicos y viejos especialistas del campo.

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La idiosincrasia de la Geopolítica está muy vinculada con el Realismo y su visión estatocéntrica de la política internacional. Algunas figuras relevantes del ámbito de la geografía o los estudios militares como Thayer Mahan, Ratzel, MacKinder o Haushofer comparten ese enfoque positivista centrado en el estudio de aquello que pueden percibir y nada más, una visión incompleta que provoca que la disciplina en su conjunto cojee sobremanera en su capacidad de ofrecer respuestas. Centrarse en los factores geográficos para explicar la distribución de la riqueza de las naciones, el reparto de poder o la afinidad internacional puede ser acertado siempre y cuando ese análisis venga complementado de la consideración de otros muchos factores que también ayudan a explicar el por qué del statu quo actual en la escena global. La visión que ofrece la concepción más clásica de la Geopolítica no es errónea, es simplemente incompleta. No es un visión más real del mundo porque su análisis sea aparentemente más empírico, es una visión más simplista cuya base es acertada pero que en demasiadas ocasiones ha servido para justificar los más inexplicables desmanes imperialistas.

El territorio es una forma de cuantificar y cualificar el poder de los países para la geopolítica más clásica ligada con el Imperialismo. Aparentemente todo es simple y evaluable. Todo es tangible. Ciertamente no lo es. La realidad internacional es más compleja, posee más aristas, su análisis encierra demasiados compartimentos que deben ser abiertos para tener una visión real de la situación. Pensar que los clásicos sencillamente eran unos simplones sería un reductio ad absurdum imperdonable. Su visión de la Geopolítica hay que encuadrarla en su contexto temporal y la visión de la vida del momento. No deja de ser paradójico que evitar sus simplificaciones nos lleve a comprender mejor sus propias simplificaciones.

Su visión esconde una pretendida superioridad moral y étnica que enraíza en las teorías genéticas deterministas de Friedrich Ratzel (1844-1904) sobre la el desarrollo de las especies y su adaptación al medio en función de sus genes. Quienes desarrollaron las teorías que han dado lugar al corpus bibliográfico de la Geopolítica tienen en demasiados casos un pasado cercano al racismo, la xenofobia y el odio diferente. La colonización era un instrumento de poder. Los colonizados un instrumento de producción. En aquel momento era el estado natural de las cosas, pero en la actualidad es algo chocante y que despierta una sensación de incomodidad ciertamente desagradable. Lo preocupante no es tanto sin embargo que en el S.XIX-XX estas ideas fueran generalizadas, sino que en la actualidad la impronta de estas ideas se mantenga en la política exterior de las grandes potencias del mundo.

Las políticas colonizadoras tal y como se daban entonces han desaparecido, pero han dado lugar a formas de neoimperialismo, un imperialismo de nuevo cuño regido ahora sí por el poder económico. No hace falta extender tropas hacia determinado territorio pudiendo extender tu área de influencia o imponer un sistema económico favorable a tus intereses y cuyo funcionamiento dependa en gran medida de ti. Es la nueva forma de ejercer el poder, hacerlo de manera sutil y sin que el estado dominado sea consciente de que ese es su papel. El análisis clásico de la Geopolítica no alcanza a explicar nuestras relaciones internacionales quizás porque el mundo en que surgieron esas teorías ya no es el actual o sencillamente porque nunca fue útil para explicar la realidad y solo un mero instrumento para dar brillo, empaque y justificaciones variadas a lo que simplemente era puro expansionismo y ansia de poder.

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