El giro hacia la irrelevancia del PP de Cataluña

Daniel Rubio Sánchez. Los sondeos de los medios de comunicación y los internos encargados por el partido eran claros: el PP catalán corría serio peligro de quedar como última fuerza en las elecciones del 27S, por detrás incluso de las CUP, rondando los 8-10 diputados y perdiendo la mitad de los representantes que alcanzaron el 2012. Girar hacia la derecha no ayudará a frenar la sangría hacia Ciudadanos, que se produce por el centro.

A dos meses de las elecciones el Partido Popular cambia de estrategia y de candidato ante la irreversibilidad de un nefasto resultado. No hay mejor prueba de su asimilación del batacazo seguro que está por venir que elegir como candidato a Xavier García Albiol. Con poco que perder, cualquier cambio solo puede mejorar los resultados que esperan, incluso el cambio de Sánchez Camacho por García Albiol.

Pese a la estudiada campaña de lavado de imagen que sufriremos los próximos días para intentar evitar que su designación afecte negativamente a los intereses del partido a nivel nacional, Albiol es el representante de la línea más dura, más derechista y más abiertamente xenófoba del Partido Popular catalán. Su discurso, basado en la identificación del inmigrante como un peligro, un riesgo y un factor que altera negativamente la convivencia le ha granjeado muchos apoyos en Badalona, donde llegó a ser alcalde, pero también ha levantado una fuerte oposición entre quienes ven en ese discurso populista una búsqueda desesperada de votos en un territorio electoralmente hostil para los conservadores de Rajoy. Juega a su favor sin embargo que precisamente ese discurso incendiario haya provocado que sea conocido por la mayoría de los catalanes, algo de lo que no podían presumir otros posibles candidatos como Andrea Levy o Enric Milló. Su candidatura devolverá sin duda al PP catalán a los medios, pero no está tan claro que vaya a ayudarles a mejorar sus resultados electorales el próximo 27S.

Su candidatura sin duda devolverá al PP catalán a los medios, pero no está tan claro que vaya a ayudarles a mejorar sus resultados electorales el 27S.

No deja de ser paradójico en todo caso que el PP se incline por una figura con un discurso tan populista y falto de soluciones reales para los ciudadanos cuando su mensaje político los últimos meses se basa en atacar el populismo de la izquierda, representado según su criterio en Podemos. ¿Podría decirse que el PP ha optado por el populismo de derechas en Cataluña? Honestamente no creo que sea su objetivo, aunque es evidente que han abandonado el perfil bajo que mantenían allí y que tantos réditos electorales ha dado a Ciudadanos. Saben que tienen poco que perder y alguien tan polémico como Albiol creen que podría evitar la sobreexposición mediática de Ciudadanos estas últimas semanas de campaña. 

Es en Ciudadanos donde precisamente creo que está la clave del movimiento del Partido Popular. Su exponencial crecimiento en Cataluña (3 diputados en 2010, 9 diputados en 2012 y unas expectativas cercanas a los 25 diputados en las elecciones del 27 de septiembre) se ha producido principalmente a costa del electorado del partido que aún lidera Alicia Sánchez Camacho. Han logrado ser identificados en Cataluña -y fuera de allí- como la fuerza política que realmente está haciendo frente al soberanismo, algo que el PP está pagando caro. A favor del PP juega que Rivera no se presenta a las catalanas -aunque habría que ver cuántos votantes realmente son conscientes de ello- e Inés Arrimadas tiene un perfil mucho más discreto de momento. La marca Ciudadanos, sin embargo, desde mi punto de vista será suficiente para arrastrar 20 diputados y quedar indudablemente por encima del Partido Popular, posiblemente incluso como primer partido de la oposición toda vez que CDC y ERC van en una lista conjunta por la independencia. 

Un candidato con una identificación tan extremista por parte de la mayoría de los catalanes solo puede revertir positivamente en Ciudadanos

Lo que está en juego para los conservadores es su propia relevancia política en la comunidad. Su discurso político ha quedado arrinconado por la fuerza mediática y la dialéctica de Albert Rivera. Carecen de un banquillo suficiente como para enfrentar con solvencia una alternativa sólida y su alternativa ha sido optar por jugar la carta de Albiol. Con él se garantizan polémica, atención y presencia en los medios, algo de lo que hasta ahora prácticamente carecían. Sin embargo, me cuesta ver esta estrategia como algo positivo para ellos. Desde mi punto de vista, un candidato con una identificación tan extremista por parte de la mayoría de los catalanes solo puede revertir positivamente en Ciudadanos, que con un discurso muy nítido en el debate soberanista tiene una posición mucho más moderada en temas sociales que el PP y se configura como una opción electoral mucho más atractiva para quien no quiere la independencia pero tampoco tener que votar a un partido claramente derechista necesariamente. El PP, con este movimiento, regala a Ciudadanos el posible apoyo de quienes se sitúan en el centro progresista y el liberalismo centrista (según el CIS y el CEO la mayoría de sus posibles votantes) y rechazan la independencia y se dirige hacia quienes desde posiciones claramente conservadoras mantienen la misma posición, un sector mucho más minoritario, más si cabe en Cataluña. 

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Con Albiol como candidato el PP se garantiza atención, pero se arrincona políticamente en la minoría política más si cabe haciendo realmente difícil pensar que su presencia vaya a ayudar en alguna medida al partido. No tengo duda de que su candidatura es una alternativa de última hora y que serán jóvenes como Andrea Levy quienes, tras la sustitución de Sánchez Camacho como líder del partido en la comunidad en 2016, tomen las riendas de la formación. Quizás para entonces sea demasiado tarde para vender moderación, cambio y regeneración como pretenden en Génova 13 y el discurso del Partido Popular en Cataluña ya haya quedado demasiado manchado por el discurso xenófobo y populista de Albiol y su papel en la política catalana se reduzca al de mero espectador de los acontecimientos. Veremos el 27S.

Grecia: un manual de cómo no hacer las cosas

Durante las últimas semanas el problema griego se ha convertido en el eje sobre el que orbitaba el debate político europeo. La evolución de los acontecimientos, sin embargo, no invita a pensar que la situación se haya resuelto ni mucho menos. El evidente e inapelable fracaso del gobierno de Tsipras en las negociaciones no debe ocultar los errores, múltiples y variados, también cometidos por las instituciones comunitarias.

Es cierto que los griegos están hartos de años de recortes y políticas de austeridad y eso dificulta esa asunción de las exigencias a cambio del paquete de ayuda, pero no se puede exigir ayuda para evitar la quiebra sin cambiar absolutamente nada.  El ejecutivo de Tsipras, además, agita e incita este sentimiento para reforzar su posición en las negociaciones.
La plaza Syntagma ha sido escenario de numerosas concentraciones a favor y en contra de las políticas económicas de la troika y el ejecutivo de Tsipras

Aun a riesgo de que lluevan las críticas, las cosas hay que decirlas tal y como son. Grecia es un país que sufre en último término las consecuencias de su propia incapacidad para resolver sus problemas. Los males de Grecia son, básicamente aunque no únicamente, culpa de Grecia. Hasta hace bien poco, la élite política griega representada por los Papandreu, Karamanlís, Mitsotakis… hacía y deshacía a su antojo con el beneplácito de una población que revalidaba su apoyo elección tras elección. Las consecuencias con las que tiene que lidiar el ejecutivo de Syriza ya las conocemos.

Han sido esos gobernantes, con el apoyo de la población, quienes han mantenido un sistema político clientelar y cleptocrático que ha costado mucho dinero a sus propios ciudadanos, pero que ha sido lo suficiente hábil para que ese comportamiento no fuera castigado como debería, permitiendo a los griegos mantener unos privilegios de los que no gozan, ni mucho menos, el resto de los europeos. Efectivamente, sería deseable que todos los países integrantes de la Unión Europea tuvieran unas edades de jubilación más bajas, sin duda. También sería deseable poder evitar recortes en sanidad o educación.  Sin embargo, parece inaceptable acudir a una negociación para poder salvar la economía de tu país con la ayuda, entre otras instituciones, del BCE, cuando la edad de jubilación de tu país es la segunda más baja de Europa, únicamente por detrás de Francia. Entre provocar el sufrimiento deliberado a la población griega con calendarios increíbles para cobrar una deuda impagable y mantener a toda costa este tipo de privilegios tiene y debe haber un punto intermedio. Y es cierto que Grecia prevé aumentar su edad de jubilación a los 62 años… durante la próxima década.

Esta es solo una parte de la realidad. Los griegos mantienen ciertos privilegios, pero han perdido muchísimo durante estos años en los que se les ha aplicado de manera errática una política económica que se ha demostrado fallida. Han perdido prestaciones sociales, han sufrido recortes y se les ha quitado mucha de su dignidad como país. La depresión social que vive el país es consecuencia de los errores de los griegos (ciudadanos y políticos) pero también de la troika. La depresión que ha inundado Grecia durante meses parece haberse tornado en cólera a la luz de las últimas revueltas en Atenas fruto de la frustración generada por la incapacidad del gobierno de Tsipras de acabar con la parálisis que genera una deuda que hoy es el 180% de su PIB.

Los griegos mantienen ciertos privilegios, pero han perdido muchísimo durante estos años

El problema, desde mi punto de vista, es que ninguno de los actores se dan cuenta que forman parte del problema y malgastan energías en señalarse mutuamente como causantes de un problema económico, político y social cuyas consecuencias pagan, en último lugar, los ciudadanos griegos. A la vez, son ellos quienes parecen ser incapaces de aceptar que no se puede seguir pidiendo más ayuda a los socios del país (en algunos casos países aún menos prósperos que la propia Grecia) para poder gozar en algunos aspectos de unos beneficios sociales que superan con creces a los de aquellos. Es cierto que los griegos están hartos de años de recortes y políticas de austeridad y eso dificulta esa asunción de las exigencias a cambio del paquete de ayuda, pero no se puede exigir ayuda para evitar la quiebra sin cambiar absolutamente nada.  El ejecutivo de Tsipras, además, agita e incita este sentimiento para reforzar su posición en las negociaciones.

El bloqueo llegó a un punto las pasadas semanas que Tsipras acabó lanzando un órdago a sus socios en forma de referéndum cuyo resultado terminó en último término complicando aún más su posición en las negociaciones y ha terminado dividiendo en dos a su partido. Su papel de líder del cambio que necesita Grecia ha quedado además en entredicho con la exigencia de más sacrificios a los ciudadanos a la vez que mantiene el clientelismo y un gasto desproporcionado en partidas como el gasto militar mientras coquetea con la Rusia de Putin para poner nerviosa a la UE. El propio presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Junker, señalaba acertadamente que con rebajar unas décimas el gasto militar respecto del PIB podrían evitar la subida del IVA que entra en vigor ya. Sin embargo, Tsipras ha decidido evitar que el recorte (sólo con reducir un 1% del PIB se ahorrarían al año 1.790 M€) recaiga sobre el Ministerio de Defensa en lugar de perjudicar a la población gravando el consumo y lastrando la economía productiva, algo que no viene precisamente bien al país.

Con rebajar unas décimas el gasto militar respecto del PIB podrían evitar la subida del IVA 

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Al final el resultado de todo esto está siendo, como se evidenció en el referéndum, un rotundo rechazo a las políticas económicas europeas y el cuestionamiento de la propia irreversibilidad del Euro. Es tiempo de que todas las partes acepten que tienen algo que perder para evitar perderlo todo por el camino. Grecia deberá seguir realizando reformas y recortes (que el gobierno debería intentar evitar en la medida de lo posible que recayeran directamente sobre los más vulnerables), el resto de socios ayudando al país heleno y las instituciones internacionales aceptar la idea de que el total de la deuda griega es sencillamente impagable y una quita es inevitable. El proyecto europeo se tambalea seriamente y es más necesario que nunca pensar en el bien común anteponiéndolo al propio con una visión cortoplacista que solo conducirá al empeoramiento de la situación.

Tu marca personal como escaparate de talento

Daniel Rubio SánchezEn un mercado laboral cada vez más competitivo y abierto a competencia de otros países distinguirse de los demás puede ser una estrategia clave para hacer frente al resto de candidatos en un proceso de selección. En la actualidad, perduran todavía la entrevista presencial y la entrega de CV, pero los empleadores comienzan a valorar también a sus posibles empleados por otros criterios menos específicos que, sin embargo, abren nuevas posibilidades a quienes sean capaces de identificar esta ventana de oportunidad.

Una gestión adecuada de nuestra ‘marca digital’ puede ser determinante para conseguir el puesto de trabajo deseado. Quedarse en una mera recopilación simplificada de datos, fechas y títulos como ocurre con la mayoría de los currículum limita las posibilidades del interesado. Una estrategia acertada para conseguir ir más allá del resto y enseñar al equipo de recursos humanos correspondiente aquello que consideras que deberían saber pero no cabe en un CV es gestionar de manera adecuada tu perfil de LinkedIn. Esta web permite al posible candidato extenderse, mostrar al empleador sus intereses personales, señalar su participación en eventos que puedan ser relevantes para el puesto deseado, enlazar artículos publicados en webs o revistas de prestigio o su participación en diferentes actividades durante la vida universitaria.

Que nadie se engañe, pocas compañías evitan consultar el la huella digital de sus candidatos. Cuidado si tu perfil de Twitter es accesible buscando tu nombre completo y tienes la costumbre de publicar a qué hora te despiertas normalmente. Cuidado si repites en este tipo de redes que acudes a una entrevista de trabajo con poco interés. No solo vale, sin embargo, con evitar caer en este tipo de errores fácilmente subsanables haciendo la cuenta privada o evitando publicar ese tipo de mensajes, para tener éxito hay que ser suficientemente hábil para crear una marca personal en el entorno digital conocida y previamente preparada para que esas personas interesadas vean aquello que tú quieres que vean y esto sea de ayuda para tus intereses profesionales.

Un buen perfil en LinkedIn complementa un CV. Una página web personal accesible con la búsqueda del nombre completo también puede servir de escaparate de proyectos, trabajos y logros en el pasado, premios y reconocimientos… la lista es tan larga como quieras que sea. Tu creatividad a la hora de hacer de este espacio web algo único y atractivo determinará en gran medida su éxito y los beneficios que pueda reportarte. Uno de mis referentes e inspiraciones en este tema es la web personal de Alberto García Durán. En ella se puede ver desde su formación o experiencia hasta sus apuntes de diferentes asignaturas de la carrera y proyectos personales como Bendita Becariedad. Es un ejemplo entre muchos, pero da una idea de lo que puede llegar crearse con ganas y tiempo. La imagen que proyecta de él es un plus que otro candidato probablemente no tenga en un proceso de selección.

Nada garantiza que ser capaz de crear esta ‘marca digital’ personal vaya a hacer que consigas el puesto que deseas, pero quienes hemos nacido con un ordenador en casa no debemos perder las oportunidades que tenemos sobre el resto. Al final, será nuestra actitud creativa, innovadora y activa la que determinará en gran medida nuestro éxito profesional en el futuro. ¿Qué mejor que mostrársela a quien más puede interesarle?

La Doctrina Obama y el Smart Power

Daniel Rubio Sánchez. La llegada al poder de Barack Obama se produjo, entre otros factores, por el giro radical en política exterior que pretendía traer a la administración estadounidense. Ahora que comienza la carrera por su sucesión comienza el momento del análisis y los balances. ¿Fue Obama realmente un cambio frente al expansionismo militarista de Bush? ¿Es Estados Unidos hoy una nación más fuerte en su dimensión internacional?  

Artículo publicado originalmente el 6 de julio de 2015 en VladivostokMag

President Barack Obama talks with President Hamid Karzai of Afghanistan during a phone call from the Oval Office, Nov. 2, 2009.   (Official White House photo by Pete Souza This official White House photograph is being made available only for publication by news organizations and/or for personal use printing by the subject(s) of the photograph. The photograph may not be manipulated in any way and may not be used in commercial or political materials, advertisements, emails, products, promotions that in any way suggests approval or endorsement of the President, the First Family, or the White House.

     Año 2008. Estados Unidos sufre ya las primeras señales de una crisis económica que terminaría por ser más larga de lo que la mayoría de los analistas preveían. Obama hereda una crisis económica global y un grave deterioro de la situación de paz en Oriente Medio. Su campaña para llegar al despacho oval tiene como leitmotiv el cambio, la ruptura respecto a la presidencia de Bush. Una vez alcanza el poder con ese mensaje se enfrenta a una gran tarea que muchos analistas consideraban necesaria: adaptar la política exterior de los Estados Unidos al siglo XXI.

     En el mundo de la política, especialmente en su esfera más internacional, en muchas ocasiones los gestos tienen un gran valor. Hay quienes le otorgan casi tanto como a las acciones en sí. No comparto esa posición, pero es innegable que la presidencia de Obama ha supuesto un cambio radical si atendemos a los gestos que se han enviado desde la Casa Blanca al resto del mundo. Un cambio radical evidenciado en los discursos del presidente, vicepresidentes y del Partido Demócrata casi en su conjunto. También en una acción exterior cuyo relato ha girado en torno a un principio muy simple: la necesaria transición del hard power al smart power.

     Los atentados del 11 de septiembre de 2001 dieron paso a una política exterior tremendamente agresiva y de carácter esencialmente unilateral basada en la defensa de la seguridad nacional. Esta estrategia, que tuvo como consecuencia una pérdida de poder e influencia real que experimentó el propio Bush y padeció Obama[1], por suerte fue revertida por el segundo mediante un uso más prudente y eficaz de los recursos que poseía Estados Unidos como superpotencia global. Obama comprendió que para mantener su posición hegemónica en el mundo no era necesario ser hostil y agresivo y que la mejor estrategia para mantener el statu quo era atraer a otros países a través de una agenda de intereses y valores comunes que atrajera y provocase que estuvieran del lado de Estados Unidos, el conocido como soft power. Ser el jefe del mundo no implica comportarse como un abusón de patio de recreo por ser el más fuerte. La hegemonía implica contrapesos propios de contención precisamente para poder conservar esa posición favorable. Utilizar el poder de forma inteligente –smart power– no implica ser menos fuerte, sino tener la capacidad de utilizar los recursos más duros –hard power– únicamente cuando sea exclusivamente necesario en un contexto en el que el poder se desconcentrando y se diseminando a marchas forzadas.

     Hay quien considera –erróneamente desde mi punto de vista– que el papel que debería ejercer Estados Unidos en el mundo como superpotencia debería ser más duro, más intenso, menos dialogante, más cerrado, menos sutil y más agresivo, en definitiva más cercano a la forma de liderar el mundo de Bush. Esos análisis políticos, basados en una perspectiva ciertamente antigua e incompleta de las relaciones internacionales, a mi forma de entender han quedado atrás. El poder en el mundo actual no se mide ya únicamente en tropas militares, tanques de guerra o aviaciones. El poder ha adquirido desde que comenzó el proceso globalizador una dimensión intangible y por tanto difícilmente cuantificable en la que la capacidad de influencia de los estados en otros estados de manera indirecta cobra un gran peso. No se trata ya únicamente de tener capacidad de someter a otro estado a tus intereses mediante la presión militar como establecía la Doctrina Bush, sino también de poder ejercer cierto grado de influencia en sus decisiones políticas y tratar de evitar alcanzar el conflicto militar. Reuniones bilaterales frente a las escaladas militares o nucleares. Las instituciones internacionales como centro de debate y discusión frente al teléfono rojo de la Guerra Fría. La diplomacia pública frente al conflicto militar directo como primer recurso.

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   Obama ha cometido numerosos errores y ha caído en demasiadas incongruencias en el complicado equilibrio entre los recursos de los que disponía para mantener su poder. Libia es un ejemplo. Su forma de ejercer el poder es más compleja e indiscutiblemente más complicada. En demasiadas ocasiones acaba descontentando tanto a los partidarios de una línea más dura como a los sectores más izquierdistas y pacifistas de su propio partido. Sin embargo, pese a ello, Obama ha logrado desde mi punto de vista adaptar la política exterior estadounidense al contexto en el que se desarrolla, y este es un avance muy considerable. Ni la Unión Europea ni otros de sus aliados de Occidente tienen ya una posición tan estatocéntrica y ajena al valor de la imagen internacional y el poder de la negociación en las instituciones internacionales. Estados Unidos debía adaptarse si quería mantener su poder y así ha sido. Obama ha logrado además a través de esa estrategia de cambio imponer una agenda política favorable a los derechos humanos, la democracia y el liberalismo que ha calado mejor en la opinión pública mundial –especialmente la de sus aliados– que la supuesta defensa unilateral de los valores occidentales rifle en mano de Bush.

     Su política exterior, más abierta e inclusiva, queda aún lejos de lo que algunos deseamos pero marca sin duda un cambio respecto a etapas anteriores y abre camino a sus posibles sucesores en el Partido Demócrata dejando una herencia política mucho mejor que la recibida. Un balance positivo en el conjunto de sus políticas, no solo la exterior, que los estadounidenses, espero, sabrán valorar con el tiempo. Quedan por delante retos como el ascenso de China, el conflicto con Rusia y las relaciones con Cuba. Nada demostrará mejor con el tiempo lo acertado o no de sus políticas que las propias consecuencias de sus decisiones. Los efectos de su apuesta por el smart power deberán ser visibles y tangibles. De lo contrario, el regreso de las políticas neoconservadoras será difícilmente evitable. Yes we can, decía durante la campaña. ¿Podrán sus políticas cimentar un nuevo camino para la política exterior estadounidense?

 

[1] Pew Research Center. Views of the United States.

http://www.pewglobal.org/2014/07/14/chapter-1-the-american-brand/

La Geopolítica clásica, una perspectiva incompleta

Daniel Rubio Sánchez. Quienes estudiamos Relaciones Internacionales sabemos que la Geopolítica no goza en la actualidad en términos generales de gran popularidad dentro de la disciplina. Su visión anticuada de las relaciones internacionales y su estrecha relación con la teoría realista han provocado que su enfoque haya quedado desterrado a círculos centrados en el estudio de la seguridad y la defensa, think tanks clásicos y viejos especialistas del campo.

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La idiosincrasia de la Geopolítica está muy vinculada con el Realismo y su visión estatocéntrica de la política internacional. Algunas figuras relevantes del ámbito de la geografía o los estudios militares como Thayer Mahan, Ratzel, MacKinder o Haushofer comparten ese enfoque positivista centrado en el estudio de aquello que pueden percibir y nada más, una visión incompleta que provoca que la disciplina en su conjunto cojee sobremanera en su capacidad de ofrecer respuestas. Centrarse en los factores geográficos para explicar la distribución de la riqueza de las naciones, el reparto de poder o la afinidad internacional puede ser acertado siempre y cuando ese análisis venga complementado de la consideración de otros muchos factores que también ayudan a explicar el por qué del statu quo actual en la escena global. La visión que ofrece la concepción más clásica de la Geopolítica no es errónea, es simplemente incompleta. No es un visión más real del mundo porque su análisis sea aparentemente más empírico, es una visión más simplista cuya base es acertada pero que en demasiadas ocasiones ha servido para justificar los más inexplicables desmanes imperialistas.

El territorio es una forma de cuantificar y cualificar el poder de los países para la geopolítica más clásica ligada con el Imperialismo. Aparentemente todo es simple y evaluable. Todo es tangible. Ciertamente no lo es. La realidad internacional es más compleja, posee más aristas, su análisis encierra demasiados compartimentos que deben ser abiertos para tener una visión real de la situación. Pensar que los clásicos sencillamente eran unos simplones sería un reductio ad absurdum imperdonable. Su visión de la Geopolítica hay que encuadrarla en su contexto temporal y la visión de la vida del momento. No deja de ser paradójico que evitar sus simplificaciones nos lleve a comprender mejor sus propias simplificaciones.

Su visión esconde una pretendida superioridad moral y étnica que enraíza en las teorías genéticas deterministas de Friedrich Ratzel (1844-1904) sobre la el desarrollo de las especies y su adaptación al medio en función de sus genes. Quienes desarrollaron las teorías que han dado lugar al corpus bibliográfico de la Geopolítica tienen en demasiados casos un pasado cercano al racismo, la xenofobia y el odio diferente. La colonización era un instrumento de poder. Los colonizados un instrumento de producción. En aquel momento era el estado natural de las cosas, pero en la actualidad es algo chocante y que despierta una sensación de incomodidad ciertamente desagradable. Lo preocupante no es tanto sin embargo que en el S.XIX-XX estas ideas fueran generalizadas, sino que en la actualidad la impronta de estas ideas se mantenga en la política exterior de las grandes potencias del mundo.

Las políticas colonizadoras tal y como se daban entonces han desaparecido, pero han dado lugar a formas de neoimperialismo, un imperialismo de nuevo cuño regido ahora sí por el poder económico. No hace falta extender tropas hacia determinado territorio pudiendo extender tu área de influencia o imponer un sistema económico favorable a tus intereses y cuyo funcionamiento dependa en gran medida de ti. Es la nueva forma de ejercer el poder, hacerlo de manera sutil y sin que el estado dominado sea consciente de que ese es su papel. El análisis clásico de la Geopolítica no alcanza a explicar nuestras relaciones internacionales quizás porque el mundo en que surgieron esas teorías ya no es el actual o sencillamente porque nunca fue útil para explicar la realidad y solo un mero instrumento para dar brillo, empaque y justificaciones variadas a lo que simplemente era puro expansionismo y ansia de poder.

Los estudios en Relaciones Internacionales en España: Llegada, consolidación y futuro

Daniel Rubio Sánchez. Las Relaciones Internacionales son una disciplina relativamente reciente en la educación oficial universitaria de España. Desde la aplicación del Plan Bolonia y la llegada de los grados junto a la extinción progresiva de las licenciaturas los estudios internacionales han ganado peso en las facultades españolas. Sin embargo, aún es difícil encontrar neófitos que sepan de qué tratan realmente las relaciones internacionales y las posibilidades que se ofrecen ahora mismo en España. Trataré de aportar luz sobre el tema.

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ORIGEN Y LLEGADA OFICIAL A ESPAÑA DE LOS GRADOS EN RELACIONES INTERNACIONALES

Hasta la aplicación del Plan Bolonia los internacionalistas españoles tenían dos vías para poder desarrollar sus estudios a nivel licenciatura. Una de ellas, común en otros países, era la especialización dentro del ámbito de las Ciencias Políticas. Otra opción, quizás más recomendable de cara al ingreso en el Cuerpo Diplomático, era acceder a estudios superiores más especializados a través del Derecho Internacional Público.

España no tenía una licenciatura en Relaciones Internacionales, aspecto que lastró en gran medida la proyección de España en el ámbito internacional y que ha sido determinante para que aún a día de hoy contemos con una visión poco global del entorno que nos rodea. La llegada de los grados trajo consigo por suerte los estudios en Relaciones Internacionales y abrió y mejoró el abanico de posibilidades de especialización posterior de los egresados en este campo. Su incorporación oficial a la oferta de grados se produjo el curso 2009/10 en Madrid. Las primeras universidades que optaron por abrirse a esta disciplina con grados fueron una universidad pública con amplio recorrido en el ámbito, la Universidad Complutense de Madrid (UCM), y dos universidades privadas con una marcada proyección internacional, la Universidad Pontificia de Comillas y la Universidad Europea de Madrid (UEM), siendo la última la única que ofreció la posibilidad de cursar íntegramente en inglés los estudios.

Pese al prestigio en el campo de la UCM por la dilatada trayectoria del Departamento de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales, su propuesta de grado cuenta con algunos defectos derivados de una concepción quizás demasiado clásica y tradicional de las relaciones internacionales. Se trata de un plan de estudios sin ninguna formación en lenguas extranjeras, esenciales para el desarrollo profesional en el ámbito, sin oferta bilingüe y una orientación muy relacionada con los departamentos de Sociología y Ciencias Políticas en lugar de abrirse camino por sí mismo con asignaturas más especializadas. En el caso de la Universidad Pontificia de Comillas, que posee un potente Departamento de Relaciones Internacionales también con un claustro reconocido y prestigioso, se trató de suplir estas carencias mediante la combinación obligatoria del grado en Relaciones Internacionales con su popular grado en Traducción e Interpretación. En todo caso y pese a todas estas posibles mejoras implantables y fácilmente solventables, el grado en Relaciones Internacionales de la UCM ha gozado de una elevada demanda de acceso tras las Pruebas de Acceso a la Universidad, alcanzando una nota de corte superior al 10 sobre 14 en las últimas convocatorias al no existir una oferta demasiado elevada de plazas públicas.

Con posterioridad a la aparición del grado en Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense, la Europea de Madrid y la Pontificia de Comillas y visto el éxito en el recibimiento del grado en España, la Universidad Rey Juan Carlos (UCJC) también decidió en el curso 2012/13 incluirlo entre su oferta formativa. Poder observar las carencias iniciales de la UCM les permitió diseñar un plan de estudios más actualizado y especializado que además incluía la formación en idiomas adicionales y la posibilidad de cursar el grado íntegramente en inglés. La oferta se expandía, pero las notas de corte se mantenían elevadas. La demanda crecía. 

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ESTUDIOS EN RELACIONES INTERNACIONALES: SITUACIÓN ACTUAL

La alta demanda de acceso en la universidad pública y la estabilización de unas notas de corte rondando el 9-10, produjo un aumento ostensible de la oferta formativa internacionalista en la universidad privada madrileña. Así las cosas, otras universidades como la Alfonso X El Sabio comenzaron a ofrecer dobles grados combinados con derecho o administración y dirección de empresas. A su vez, la oferta de la URJC ha aumentado recientemente con combinaciones similares e incluso exclusivas (como el doble grado en Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas).

Por su fuera poco, la diversificación de los estudios no solo está viniendo a través de la combinación de títulos complementarios, sino que también se está iniciando un proceso de creación de grados similares, de carácter internacional, pero no necesariamente con los mismos objetivos formativos. Este es el caso por ejemplo del grado en Estudios Internacionales, de reciente creación, de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M). Frente al grado en Relaciones Internacionales, que estudia las relaciones (políticas, económicas, sociales…) entre los diferentes actores en el ámbito internacional, el grado en Estudios Internacionales no se centra tanto en esas relaciones de poder o su por qué sino en el análisis del entorno internacional que las encuadra. Una opción menos específica, más abierta y generalista que ofrece una visión más holística de lo internacional. También hay nuevas opciones, quizás más alejadas de la concepción tradicional y estadocéntrica de la disciplina, como el grado en Estudios Internacionales de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) que se centra más en las relaciones culturales que en las institucionales entre estados y organismos internacionales.

POSGRADOS, MUCHO POR DESARROLLAR TODAVÍA

Las posibilidades de estudios de posgrado de multiplican, y probablemente no dejen de hacerlo habida cuenta del elevado número de graduados en Relaciones Internacionales que saldrán de las facultades los próximos cursos con intenciones de dirigir su formación hacia un área concreta dentro de la disciplina.

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Las opciones que pueden anticiparse, dado que España únicamente sigue el desarrollo del campo con años de retraso sin demasiadas particularidades propias como país, son variadas. Desde especializaciones en política económica internacional a derecho internacional, diplomacia o política exterior. También hay que destacar la posibilidad que ofrece el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación Internacional a través de su programa de Master interuniversitario en Diplomacia y Relaciones Internacionales de la Escuela Diplomática, de gran prestigio. En todo caso, de momento, las posibilidades en el extranjero superan con creces las que se ofrecen en territorio español.

FUTURO

La mejora progresiva de la formación en inglés de los estudiantes españoles (no tanto de los profesores) está permitiendo poder abrir los estudios a combinaciones bilingües o totalmente en inglés que favorecen además la internacionalización de la universidad y la incorporación de estudiantes extranjeros a las facultades españolas mediante la creación de dobles títulos, convenios bilaterales o más programas de intercambio. Queda mucho trabajo que hacer en ese sentido y las universidades deben apostar por ello fuertemente, especialmente para los estudiantes de Relaciones Internacionales, pero la mejora durante los últimos años es evidente. Universidades fuera de Madrid, ciudad en la que se concentra la casi totalidad de los estudios de grado en España, como la Pompeu Fabra de Barcelona lanzarán para próximos cursos grados innovadores como su grado en Global Studies, con un fuerte componente internacional no solo en el diseño del plan de estudios, sino en las salidas que tendrán que experimentar los estudiantes para completar su formación.

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Quien se lo pueda permitir o haya alcanzado una nota suficientemente elevada para ser becado puede estudiar por ejemplo en universidades como Boston College, American University, la Universidad de San Francisco o la de Seattle en el caso de la Universidad Pontificia de Comillas. La Universidad Europea de Madrid ofrece la posibilidad a sus mejores estudiantes de estudiar en la London School of Economics and Political Science, McGill University o los campuses de Berkeley, Irvine o Riverside de la Universidad de California. Por su parte, las universidades públicas no quieren quedarse atrás y empiezan también a apostar fuerte por estas posibilidades, aunque al contar con menos plazas disponibles para estas estancias y un mayor número de alumnos por titulación la posibilidad de que todos los alumnos experimenten al menos una salida internacional queda lastrada. En el caso de la Carlos III de Madrid ya existen acuerdos con algunas de las universidades citadas previamente, además de otras como la Universidad de Washington, diferentes universidades de Australia o incluso la Universidad de los Emiratos Árabes Unidos, entre otros destinos menos comunes. Las posibilidades ofrecidas la hora de cursar el grado en otro país deberían ser un factor importante a valorar a la hora de elegir universidad.

Elegir qué estudiar es sin duda una de las decisiones más difíciles a las que se enfrenta una persona con apenas 18 años. Sería deseable tomarla habiendo valorado todas las opciones disponibles y tratar de encontrar la que mejor se adapta a nuestros intereses y deseos de futuro. Dado el amplio abanico que se ha desarrollado en apenas unos años (recuerdo que el artículo comenzaba con la incorporación del grado en tres universidades) bien merece la pena tomarse un rato y valorar con tranquilidad todas las posibilidades y construir el futuro del los próximos (mínimo) cuatro años a nuestro gusto.

Ciudadanos: el cambio sin cambio

Daniel Rubio Sánchez. Sorprendentemente -o quizás no tanto- durante los primeros meses de 2015 no ha sido Podemos la fuerza dominante en el discurso político. Ciudadanos, un partido hasta entonces con un peso casi nulo a nivel nacional más allá de Cataluña, copa actualmente las tertulias, el debate público y las discusiones sobre el color de los gobiernos que saldrán del recuento de las urnas el próximo 24 de mayo.

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Su clara identificación como cambio sensato no deja de esconder un discurso tramposo y cómodo para el poder. Su programa político, infinitamente más moderado que el de Podemos, presenta una alternativa al votante cansado del Partido Popular y el Partido Socialista cuya retórica no pasa de la crítica moderada y el acercamiento pragmático a las dinámicas del poder.

Frente a la reclamación de un cambio profundo -aunque cada vez menos- de Podemos, Ciudadanos propone cambios superficiales cómodos para una ciudadanía temerosa de cambios reales que puedan traer inestabilidad, ruido y negociación al límite. La política de pactos de Ciudadanos, que a la vista de lo acontecido en Andalucía presenta un nivel de exigencia francamente bajo, es una opción cómoda para facilitar la gobernabilidad de PP y PSOE sin necesidad de pactar con Podemos o tener incluso que pactar entre ambos. Frente a la exigencia clara y decidida de medidas de cambio político real profundo de corte transversal y no necesariamente vinculadas con la extrema izquierda, parece que Ciudadanos primará la necesidad de estabilidad política y lo que se llama, no sin cierta hipocresía, responsabilidad. 

ESTABILIDAD POR ENCIMA DEL CAMBIO

Las propuestas económicas de Ciudadanos presentadas hasta el momento no tendrán gran peso si, como hasta ahora aseguran desde el partido, no entran a formar parte de ningún gobierno si no ganan las elecciones. Así pues, su influencia política real y tangible en el desarrollo de políticas públicas queda más bien limitada a unas pocas medidas suficientemente mediáticas como para poder justificar abstenciones o votos a favor de gobiernos de distinto signo político en pos de la gobernabilidad. Para todo lo demás, la situación seguirá exactamente igual que hasta el momento: gobiernos y medidas bajo las siglas de PP o PSOE, ya que aparentemente no tienen intención de influir directamente en la acción del gobierno que decidan. Su labor se limita por puro tacticismo electoral antes de las generales a ejercer de árbito y no de vigilante al menos, como sería deseable. Más que ante un cambio parece que estemos ante reformas cosméticas sin más propósito que justificar la propia existencia del partido como actor político alternativo a Podemos. 

UN VOTO PROTESTA… PARA NO PROTESTAR DEMASIADO

No parece haber entendido el pretendido reformismo amable de Ciudadanos la necesidad real de cambio que existe en el país. Su estrategia política, forzadamente incolora y de fondo insípida no cuestiona la raíz de los problemas ni lo pretende. No cuestiona aparentes consensos que no lo son tanto que necesitan ser cuestionados desde que se alcanzaron en 1978. No pretende grandes reformas ni grandes cambios. Estabilidad y cambio sensato. Tranquilidad y sosiego. Calma.

Ni siquiera se atreve a reclamar cambios en la Constitución. Su aspiración, dicen, no es romper España, como si aspirar a más tuviera que suponer la quiebra del país.  En el fondo, todo se mantiene y ese es su objetivo como antídoto de Podemos. Evitar un cambio fuerte y garantizar que todo se mantenga más o menos igual facilitando a la ciudadanía la posibilidad de utilizar un voto protesta… que no protestará demasiado. No les faltará apoyo en un país tan políticamente cobarde como el nuestro.

La moderación ideológica y la centralidad se confundirá con cobardía, negarse a facilitar a cualquier precio gobiernos con inestabilidad y caos, y el papel de bisagra con el de muleta de unos u otros. Todo esto aderezado con una bonita, joven y blanqueada sonrisa Profidén, un perfil irresistible para quienes buscan cambiar todo para que no cambie nada.