Análisis

Podemos: del dominio del lenguaje al poder en las instituciones


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Daniel Rubio Sánchez. Parecía imposible hace tan solo unos años, pero el tablero político español ha cambiado. ¿Se trasladarán esos cambios a las instituciones? ¿Ha cambiado realmente la sociedad?

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Por primera vez en más de 30 años las encuestas vaticinan mayoritariamente la victoria de un partido político que no es PP o PSOE. Una situación que, pese a ser de extraordinaria relevancia en el plano político, no parece tampoco haber recibido la atención que merece.

Desde la crisis de 2008 el sistema de partidos español ha sufrido numerosos sobresaltos, pero no ha sido hasta ahora cuando el equilibrio de poder ha sido enormemente alterado. La resistencia de los partidos tradicionales a adaptarse a una realidad social cambiante derivada de una mayor exigencia ciudadana con sus representantes ha creado un marco de oportunidad por el que han entrado con mucha fuerza nuevas formaciones políticas. La tan cacareada grieta del bipartidismo ha dado paso a un agujero por el que el sistema político está recuperando a numerosos ciudadanos que desde hace un tiempo no se veían representados.

No han sido, y no parece que vayan a serlo, UPyD o Izquierda Unida como fuerzas minoritarias quienes vayan a recoger ese descontento. Ninguna de las dos formaciones tiene a día de hoy unas perspectivas electorales halagüeñas (ambas formaciones se mueven entre el 5-6% de los votos) y el escenario político que empieza a vislumbrarse para 2015 les otorgaría, con suerte, el papel de fuerzas residuales en un Congreso con tres grandes bloques políticos. Ni el intento de canalizar la indignación con la corrupción ha funcionado para UPyD ni el intento de arrebatar espacios al PSOE por su izquierda con una retórica pseudomarxista ha sido fuente de apoyos suficiente para IU.

La pregunta a plantearse en este momento es, ¿por qué habrían fracasado Izquierda Unida y UPyD en el mismo marco político en el que Podemos sin embargo parece que va a triunfar?

La identificación de los factores de este fracaso y éxito debe ser, desde mi punto de vista, multicausal. En primer lugar hay que destacar el éxito de Podemos a la hora de establecer un marco ideológico favorable, algo que ni Izquierda Unida ni UPyD han sabido hacer. A pesar de que la situación política y económica y las consecuencias sociales les eran favorables a su discurso ninguna de estas formaciones políticas ha sabido crear un marco conceptual fuerte que estableciera una clara delimitación entre ellos y los demás. A pesar de las innumerables ocasiones en las que hemos podido ver a ambas formaciones minoritarias atacar el bipartidismo y sus deficiencias ninguna de las dos ha logrado ofrecer algo distinto a ojos de los ciudadanos.

Podemos, con sus carencias en otros ámbitos, ha sabido crear un campo de juego político que como es de esperar es totalmente favorable para ellos: nosotros contra la casta. Para crear este marco ideológico se han servido no solo del término casta, sino de la identificación como casta de prácticamente todo aquello que existiera con anterioridad a ellos estableciendo a la vez una crítica que les definía políticamente más allá de etiquetas. A la vez que han creado en el debate político actual un marco cognitivo con grandes réditos electorales para su partido han utilizado esa identificación de los defectos del adversario como forma de demostrar su superioridad. No estamos atendiendo – ni vamos a atender- a una retahíla de argumentos de por qué Podemos es una mejor opción de voto, sino a una enumeración constante de los defectos del otro que consecuentemente establecer a Podemos como mejor alternativa dentro del desastre que identifican correctamente.

Ahí está uno de los factores que explican el éxito, la división Podemos-casta, o Podemos-régimen del 78. Su acertada estrategia comunicativa y la docilidad de algunos medios han permitido que el debate político desde mayo se haya circunscrito a sus reglas del lenguaje. La estructura cognitiva que han logrado construir en gran parte de la población facilita además que cualquier ataque les refuerce políticamente al identificarse como víctimas de un sistema que teme su éxito electoral.

Sin embargo, la crítica al adversario no explica por sí sola su éxito. El discurso político de Podemos – más allá de esta estructura cognitiva- se asienta en lo que en análisis del discurso político se conoce como significantes vacíos. Sus discursos se articulan en torno a conceptos ontológicamente vacíos y suficientemente ambiguos en su significado como para que cada receptor les dote de un significado que se adapte a sus ideas. Es tan acertada la crítica a Podemos de su falta de concreción en sus líneas políticas como deliberada es esta. Ocupar “la centralidad del tablero político” exige algunos sacrificios como hacer un programa articulado en torno a conceptos genéricos y universales. Esto supone además, como he señalado en algún análisis previo, pasar por encima del eje clásico izquierda-derecha para salir en búsqueda de votantes cabreados con la situación actual que no encuentran acomodo ni en los partidos tradicionales ni en el discurso de los minoritarios.

Es la suma de estos factores –junto a otros muchos- que han propiciado su éxito la que podría explicar llegado el momento también su declive. Si las encuestas de acercan mínimamente a una realidad política cada vez más cambiante Podemos podría tener responsabilidades de gobierno a nivel autonómico o local solos o en coalición con otras fuerzas de izquierda de la misma manera que no sería totalmente descartable su llegada en coalición con el PSOE al gobierno. De su capacidad de mantener un discurso ilusionantemente vacío en el ejercicio del poder dependerá su futuro a medio y largo plazo.

«No me pregunten quién soy, ni me pidan que siga siendo el mismo» decía Foucault en Arqueología del saber. Quién sabe si en un tiempo al tener responsabilidades más allá de canalizar la ilusión de una ciudadanía harta de lo actual Pablo Iglesias dice algo parecido.

Análisis

¿Pablo Iglesias o Mariano Rajoy?: el dilema de Pedro Sánchez


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Daniel Rubio Sánchez. Parece apostar por políticas bastante distintas a las defendidas por el PSOE hasta el momento. Parece estar dispuesto a corregir los errores del pasado. ¿Es Pedro Sánchez lo que parece? ¿Será Pedro Sánchez lo que necesita el PSOE?

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Era inevitable. El recambio generacional en la Secretaría General del PSOE era un clamor entre las bases socialistas durante el anterior periodo de Alfredo Pérez Rubalcaba. Su figura, ligada al pasado (en lo bueno y en lo malo) no era más que la continuación de un lastre que comenzó con la segunda legislatura de Rodríguez Zapatero.

Mucho se ha escrito sobre el giro económico copernicano del PSOE en mayo de 2010 cuando la crisis económica parecía haber venido para quedarse y la recesión era ya un tecnicismo económico instalado en el vocabulario común de los españoles. Desde la izquierda se les acusado, no sin cierta razón, de haber traicionado sus principios. Desde la derecha española siempre han preferido centrarse en la gestión más que en un cambio de programa económico que, a la postre, han terminado por aplicar aún con más contundencia y sin resistencias internas.

Es más importante en todo caso entender este cambio, a raíz del cual los socialistas articulan un programa de recortes económicos para atajar una crisis de deuda provocada por un nivel de déficit muy elevado, como un giro que deja sin alternativa económica efectiva al país. Con sus diferencias, que no son pocas en todo caso, PP y PSOE pasan a compartir esencialmente unos principios económicos similares. Estabilidad presupuestaria para garantizar la financiación del Estado Social. Parece comprensible, pero no toda la izquierda comparte esta idea, ni siquiera todo el PSOE. Esta división de la izquierda vendrá acompañado un crecimiento de las protestas sociales (el 15M surge, no por casualidad, un año después) y de la izquierda alternativa.

La crisis de identidad de los socialistas se resolvió erróneamente apostando por lo que se consideró estabilidad (Rubalcaba), pero que en realidad terminó por ser continuismo a ojos de unos ciudadanos que empezaban a llevar demasiados años sufriendo las consecuencias de la crisis. Estos ciudadanos castigaron muy severamente al PSOE, que registró su peor resultado histórico el 20N de 2011 ya con Rubalcaba al frente del partido. Nadie se imaginaría entonces que ese resultado sería un objetivo casi inalcanzable dadas las perspectivas actuales.

Tras dos años y medio perdidos con una oposición socialista desnortada, sin alternativas, sin discurso y con partidos a su izquierda cada vez más fortalecidos tras los nefastos resultados de las elecciones europeas se inicia, por fin, el proceso de regeneración del PSOE. Sánchez llega a la dirección del PSOE con una imagen de hombre moderado, de centroizquierda, con intenciones reformistas y con un estilo cercano a la socialdemocracia europea actual encarnada en Manuel Valls o Mateo Renzi.

No hace falta fijarse demasiado para percibir con facilidad el cambio de imagen respecto a Rubalcaba. Frente a los trajes clásicos (que Sánchez utiliza en el hemiciclo al interpelar al gobierno) ahora se apuesta por las camisas blancas en señal de limpieza o la ausencia de corbata como imagen desenfadada. No solo se ha renovado el líder, también quienes le rodean. La nueva Ejecutiva también es más joven. Es interesante también fijarse en la imagen que da a los medios como líder del a oposición en el Congreso de los Diputados rodeado de figuras como César Luena (34 años), Carmen Montón (38) o María González Veracruz (35 años) frente a un presidente rodeado de Rafael Hernando (53) o José Antonio Bermúdez de Castro (55) además, es cierto, de Soraya Sáenz de Santamaría (43).

En todo caso, un cambio de imagen difícilmente podrá compensar los problemas internos de partido que a día de hoy tiene el PSOE. Problemas de coherencia al decir una cosa y la contraria dependiendo de la comunidad en la que lo propongan, problemas de cohesión en torno al asunto catalán, problemas de credibilidad al presentarse ahora como adalid contra la corrupción y problemas tan serios como que una parte cada vez más creciente de la población no vea en ellos la alternativa al gobierno de Mariano Rajoy.

No lo tendrá fácil Pedro Sánchez estos próximos años. La reconfiguración de tablero político con el imparable ascenso de Podemos les coloca como partido necesario para la futura formación de gobiernos. Su influencia en el futuro parece clara, ¿pero en qué sentido?

Mucho se está debatiendo en la actualidad acerca de la posibilidad de una gran coalición electoral formada por el Partido Popular y el PSOE, pero no parece totalmente descartable tampoco (al menos por las declaraciones de los principales dirigentes del PSOE) una coalición con Podemos. Esa coalición, a mi entender, supondría una fuga de votos moderados del PSOE hacia un PP que se erigiría como alternativa moderado a un gobierno claramente de izquierdas. La otra opción, por el contrario, supondría la desaparición del PSOE como alternativa moderada de izquierdas del país.

No parece un panorama demasiado alentador. En todo caso, al contrario de lo que parece que sucederá con formaciones anteriormente en alza como IU o UPyD que ahora de dirigen hacia la irrelevancia parlamentaria, el PSOE tiene la posibilidad de definirse, algo que en política no es tanto visto como una oportunidad sino como un problema. Se hace francamente difícil asimilar que la militancia socialista aceptase una coalición con el PP, por mucho que la justificación fuera mantener a raya al “populismo” de la misma forma que se me hace complicado comprender los motivos por los que el PSOE fuera a dar a su principal adversario político de la izquierda la posibilidad de llegar al Gobierno de España.

La otra posibilidad, menos comentada, y a mi entender más probable, sería un nuevo gobierno conservador con apoyos puntuales del PSOE en temas esenciales (reforma constitucional, PGE…) pero que a ojos de los ciudadanos aparentase ser algo completamente distinto al PP. Quizás la situación política haya llegado en España a un punto en el que juegos así ya no funcionen, pero más valdría intentarlo que un suicidio directo al estilo PASOK.

La apuesta de Pedro Sánchez parece y solo parece, porque hasta el día después de las elecciones no sabremos cuál es su apuesta real, ser la de la estabilidad. La aparición de Podemos como fuerza de cambio en la izquierda y el agotamiento de una Izquierda Unida más dócil de cara a los pactos con los socialistas ha forzado al nuevo PSOE de Pedro Sánchez a reforzar un mensaje propio que trata de desmarcarse tanto de lo que llaman “inmovilismo político del Partido Popular” y “el populismo”, etiqueta que utilizan peyorativamente para referirse al partido liderado por Pablo Iglesias sin nombrarles directamente. Así, el PSOE pretende establecerse como una fuerza moderada en el espectro político capaz de captar tanto a votantes con planteamientos reformistas (no rupturistas como Podemos) y progresistas que no llegan a comulgar con las tesis políticas de Izquierda Unida o Podemos.

40 ANIVERSARIO DEL CONGRESO DEL PSOE EN SURESNES

Pedro Sánchez aboga por un PSOE de grandes mayorías. Un modelo de partido y políticas inspirados en una socialdemocracia europea cada vez más cercana a esa tercera vía inaugurada por los laboristas británicos de Tony Blair relativamente similar a las tesis más progresistas del liberalismo o los planteamientos más liberales de la socialdemocracia clásica. Abre de esta manera un espacio a su izquierda que, de todos modos, ya estaba siendo ocupado por otros partidos en auge, pero apuesta por las mayorías sociales que se ubican en el centro político y entra en combate directo con el PP o, en menor medida, con UPyD. Corre el riesgo, sin embargo, de facilitar a los partidos a su izquierda esa igualación algo tramposa con el PP que ya utilizan al acercarse a su espacio.

De cómo sepa el PSOE diferenciarse dependerá que ese pensamiento de que PP y PSOE son iguales bastante instalado ya en la ciudadanía cale realmente y pueda seguir perjudicando gravemente a los socialistas. En este sentido no es casualidad, y demuestra que la estrategia está bastante más estudiada de lo que parece, que a la vez que el partido inicia un viraje hacia el centro político se refuercen los mensajes de identidad (ley de matrimonio igualitario, ley del aborto, política territorial…) que eviten esa temida comparación con un PP que también parece haberse dado cuenta de que a largo plazo su futuro electoral pasa por moderarse en el aspecto social. En este sentido, se aprecian también cambios en la orientación del programa económico con el brindis al sol de enmendarse su propia reforma constitucional del artículo 135. Solo el tiempo dirá cuánto recorrido tiene esa estrategia.

Quizás el nuevo enfoque ideológico que ha tomado el PSOE sea acertado, como lo ha sido a largo plazo la decisión del PP de no sacar adelante una ley del aborto que les alejaba del centro político, pero ambos parecen olvidar que la falla política identitaria clásica entre izquierda y derecha ha dado paso a un nueva donde los “partidos viejos” se enfrentan a “partidos nuevos”. No deja de estar vigente la diferencia entre izquierda y derecha pero parece tener más importancia una nueva falla (cleavage) creada a raíz de la merecida crítica a los partidos mayoritarios o “viejos”.

La supervivencia del PSOE como partido hegemónico de la izquierda capaz de gobernar y transformar la sociedad a través de su tarea ejecutiva dependerá de su capacidad para rearmarse ideológicamente sin renunciar a sus esencias y saber identificar qué piden los ciudadanos y qué reclaman sus electores. No bastará con caras nuevas o jóvenes. No bastará con un líder joven. No bastará con declaraciones que no llevan a ninguna acción concreta cuando se ejerce el poder. Hace falta proyecto, plantear una alternativa diferenciada a las políticas del Partido Popular sin sectarismos pero sin renunciar a las esencias que definen y diferencian al PSOE, dar una salida diferente a la crisis y demostrar que se pueden hacer las cosas de otra forma. Aún es pronto para saber si Pedro Sánchez es capaz de liderar ese cambio, porque España grita a favor del cambio. Mantener cuatro años más al PP en La Moncloa podría condenarles a la eterna irrelevancia. Solo queda esperar a ver a qué aspira realmente Pedro Sanchez.

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¿Es posible una política LGTBI+ en pueblos y ciudades?


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Alejandro Campoy Galera (Compromís): Sí, claro que es posible

Cuando hablamos de aplicar políticas pro-derechos LGTBI+ la sociedad es más consciente que la forma más directa de hacerlo es a nivel estatal, pero yo vengo a hablar a nivel autonómico y, más directamente, local en pueblos y ciudades.

En los pueblos pequeños y en ciudades medianas es posible aplicar y visibilizar derechos LGTBI+ de muchísimas maneras y tampoco hace falta mucha financiación pública para ello porque muchos actos realizables son de bajo coste o incluso gratuitos.

En ocasiones escucho comentarios como ‘Ahora ya no hay que hacer tanto’, ‘España se ha modernizado mucho…’. Claro que se ha modernizado y claro que ahora España es mil veces más respetuosa que en la época del tito Paco, por supuesto… pero por ello no hay que dejar de luchar.

Aún hay muchísimo qué hacer y creo que desde abajo, desde los pequeños pueblos hasta las grandes ciudades, se pueden implantar diferentes y numerosas políticas de igualdad que conseguirían que España fuera el país más tolerante de todo el mundo.

Desde los ayuntamientos de pueblos y ciudades se pueden hacer condenas de cualquier actitud, manifestación y legislación de carácter homofóbico, bifóbico o que implique transfobia realizando un escrito desde el ayuntamiento y aprobado democráticamente para que sea difundida por la prensa o por los tablones del ayuntamiento de turno. El ayuntamiento también puede proponer, por ejemplo, que el Defensor del Pueblo y las instituciones educativas implanten planes integrales para detectar, prevenir y condenar cualquier caso homofóbico, bifóbico y transfóbico que haya en esa ciudad y pueblo para conseguir dar la realidad que todos nos merecemos, el respeto de los máximos derechos posibles. Estos planes integrales que puede llevar a cabo cualquier ayuntamiento deberá potenciar los estudios que permitan conocer en profundidad muchas realidades y problemas que los y las jóvenes LGBTI+ para conseguir el objetivo final de formar bien al profesorado y profesionales que trabajan con estos jóvenes.

Y, desde luego, el ayuntamiento como ente local deberá atender muy a menudo a todas las organizaciones y activistas LGTBI+ que se impliquen a la mejora de una sociedad para conseguir que seamos libres de homofobia, bifobia y transfobia.

Otra política posible para conseguir este cambio es algo tan simbólico como poner las banderas oficiales LGTBI+ en los días clave puede ayudar a que la población sea consciente de que su ayuntamiento se preocupa realmente por los derechos y así visibilizar haberes muy importantes.

En definitiva, desde la política local se pueden hacer miles de actividades pro-derechos LGTBI+ y conseguir que nuestro país, desde abajo hacia arriba, sea uno de los países más tolerantes en derechos de la diversidad del mundo y es algo en que nos debería llenar de orgullo.

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Sobre la reforma de la Política Pesquera Común (PPC)


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Roberto Carro Vázquez (EQUO):

Los entresijos de la reforma de la Política Pesquera Común (PPC)

  • La reforma de la PPC (período 2015-2020) constituye un avance hacia la sostenibilidad de los ecosistemas marinos, así como de las poblaciones e industria pesqueras, gracias en buena medida a la influencia de los verdes (capitaneados por la eurodiputada Isabella Lövin) y al trabajo conjunto con los socialdemócratas.
  • La situación actual de muchos pescadores y los descartes, dos de las cuestiones más controvertidas. En España, Greenpeace ha denunciado que la ministra Tejerina sigue sin aplicar esta reforma.

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La PPC y la necesidad de gestionar las poblaciones pesqueras

Las poblaciones pesqueras presentan una capacidad reproductiva más o menos alta, pero en todos los casos limitada, lo cual hace necesario un control de la pesca para proteger la supervivencia de las poblaciones, permitir la existencia de una industria pesquera rentable, duradera y equitativamente repartida y conservar los recursos marinos, la biodiversidad y la estabilidad del ecosistema.

La política pesquera común llevada a cabo hasta el momento puede ser calificada fundamentalmente de cortoplacista e irresponsable, permitiendo cuotas (límites de captura establecidas para la mayor parte de poblaciones de peces de interés comercial) por encima de las científicamente recomendadas. Por este motivo, se ha alcanzado una situación de insostenibilidad donde el 88% de los caladeros europeos se hallan sobreexplotados, las capturas han descendido un tercio la última década y, por tanto, el 60% de la pesca se importa del exterior. Así, y sin la existencia de subsidios, la industria pesquera en Europa estaría prácticamente muerta. El cómo se han repartido dichos subsidios y para qué, se sigue poniendo en cuestión.

Esta situación claramente debía virar, y fueron la urgente e imperiosa necesidad por un lado, y la entrada en funcionamiento en la Unión Europea del Tratado de Lisboa por el otro las que lo permitieron. Con este Tratado, el Parlamento adquiría voz y posibilidades de colaborar en la regulación/legislación de la política pesquera propuesta por la Comisión Europea. Desde el Parlamento surgió una voluntad de cambio hacia una pesca más sostenible y viable a largo plazo, bajo el liderazgo de la eurodiputada socialista Ulrike Rodust (la rapporteur o persona que en el Parlamento llevaba el peso del proceso) y de su aliada y experta en el tema Isabella Lövin, eurodiputada del grupo Verdes/ALE. Los obstáculos y los detractores no fueron pocos.

Objetivos de la reforma de la PPC

¿Cuáles eran los objetivos principales de la nueva PPC promovida por el grupo verde?

  • Evitar la sobrepesca en 2015, utilizando como referencia las recomendaciones científicas y el MSY (Rendimiento Máximo Sostenible, que es la captura óptima que puede extraerse de una población de peces año tras año sin comprometer su capacidad de regeneración futura) y equilibrar estas medidas con la difícil situación de los pescadores de muchas regiones. Este esquema clarifica este punto:

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  • Proteger el medio ambiente, la biodiversidad y el ecosistema marino.
  • Regular los mercados, subsidios y presupuestos.
  • Regionalizar las decisiones, pues es importante tener en cuenta la situación concreta de cada una de las regiones a la hora de tomar ciertas resoluciones.
  • Fomentar la pesca sostenible, teniendo en consideración a aquéllos que pesquen de forma más respetuosa con el medio (en cuanto a tecnología, métodos, zonas de pesca…).
  • Reducir/eliminar los descartes (capturas que por su escaso valor comercial, tamaño por debajo de los mínimos… se devuelven al mar).

Organización del proyecto y aprobación

La Comisión Europea, ante la insostenibilidad de la situación y con el Tratado de Lisboa aún sin aprobar, consultó a partir de 2008 a diferentes grupos y organizaciones, y planteó su propuesta de reforma en el año 2010. El Comité de Pesca del Parlamento Europeo, compuesto por 25 eurodiputados repartidos de manera proporcional en función del resultado de las elecciones (es decir, con mayoría conservadora y socialdemócrata, pero también con influyente presencia verde), planteó 2500 enmiendas a la propuesta de la Comisión, que fueron agrupadas de forma asumible y aplicable. A pesar de la oposición de los conservadores a algunas, fue aprobado, y el Parlamento al completo y el Consejo de la Unión Europea serían quienes determinarían la llegada a buen puerto de la reforma.

El Parlamento, en una votación histórica, aprobó por gran mayoría la reforma, presionado en parte por muchas campañas y organizaciones externas como Ocean 2012 o Fish Fight. El último escollo fue el Consejo, el cual tras plantear unas duras negociaciones que a punto estuvieron de tumbar la reforma, se conformó, fundamentalmente, con relajar la prohibición de los descartes, permitiendo un 7% más algunas excepciones.

Cuestiones sin resolver tras la resolución de la nueva PPC

Situación de los pescadores

Uno de los principales problemas es compaginar la necesidad de restituir los caladeros para que la industria pesquera recupere su viabilidad y podamos asegurar la supervivencia del sector a largo plazo con las necesidades inmediatas de los pescadores, que ven que las cuotas asignadas resultan a menudo insuficientes para poder vivir del sector pesquero. Esto, sumado a que los subsidios no se han enfocado, tal y como afirmaba WWF, de la manera correcta, genera un problema de difícil solución. Las cuotas las marca la Comisión Europea, y el Parlamento y el Consejo solamente realizan una función observadora en dicho proceso. A su vez, y dentro del propio país, son los Gobiernos Nacional y Regionales los encargados de realizar un reparto justo y adecuado, papel apoyado por el incremento de la regionalización de las decisiones que comprende la reforma de la PPC aprobada.

Este problema, concretamente en España, se ha saldado con protestas cada vez más desesperadas acerca de la inadecuación en dichos repartos. La cadena al completo debe ser evaluada a fin de encontrar soluciones que a día de hoy todavía no están sobre la mesa en muchos ámbitos.

Descartes

Los descartes son, como se explicó anteriormente, las capturas que se devuelven al mar por el motivo o razón que sea. A primera vista y con la definición en la mano, no parece haber problema alguno, pero eso no es cierto. En el caso de muchas especies, el índice de supervivencia tras el descarte es muy bajo o incluso nulo. Además, hay otras de las cuales sólo se conservan a bordo las partes de valor comercial, como las colas de las cigalas, y el resto se devuelve al mar. Esto supone una pérdida tanto para el ecosistema marino como para la economía del sector (porque se suelen descartar juveniles de especies de alto valor, disminuyen las poblaciones de las que viven otros pescadores…), si bien es cierto que, en contra de lo que plantearon los verdes, algunos estudios afirman que los descartes alimentan a una parte de la fauna marina, por lo que un ecosistema que se habría adaptado a este fenómeno vería nuevamente su realidad alterada. Por otro lado, no está permitida la captura de peces por debajo de una talla mínima o de peces cuya cuota se ha sobrepasado. Por lo tanto, si no podemos “hacer descarte” de ellos, ¿hay alguna solución?

Si bien no hay una solución milagrosa, es un problema que podemos mitigar enormemente:

  1. Evitar los lugares/técnicas que pueden acarrear pescas no deseadas (de ahí las zonas de veda).
  2. Asegurar la posibilidad de huida a los peces que no se desea atrapar (utilización de mallas especiales y dispositivos selectivos).
  3. Fomentar la investigación en este ámbito con el objetivo de lograr una pesca cada vez más sostenible (estudio de poblaciones pesqueras, nuevas técnicas de pesca…).

Por último, cabe esperar que los mínimos descartes que se produzcan/admitan puedan ser absorbidos por el propio ecosistema, teniendo en cuenta lo antes mencionado, y que los mecanismos de control sobre este procedimiento aseguren efectiva y eficientemente que no se sobrepasan los límites permitidos de descartes.

¿Se está implantando la reforma en España?

Ante esta reforma, que obliga a los Gobiernos a detectar la sobrecapacidad pesquera y a gestionarla, a identificar y a publicar la capacidad pesquera de nuestra flota, a acabar con la pesca en embarcaciones como los Monster Boats… en España se continúan haciendo oídos sordos. Greenpeace denuncia prácticas de pesca ilegal, que consejeros de empresas pesqueras estén en organismos que repartan las cuotas y otra serie de despropósitos que siguen sucediendo en nuestro país. Así pues, no sabemos si es que el Partido Popular se está “equivocando” nuevamente de dirección (a pesar de afirmar que está en la correcta) o si directamente prefiere incumplir las directrices marcadas por Europa y lanzarse a la aventura del destrozo de los océanos en un nuevo intento de relanzar la #MarcaEspaña. “Piensa mal y acertarás”, dicen.

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Preguntas


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¿Sabe Rajoy realmente cómo se encuentra la sociedad que gobierna? Uno empieza a intentar convencerse de que no para que no le consuma la furia. ¿Distingue Rajoy el bien del mal siquiera? Uno trata de asumir que realmente es un hombre tan gris que se ha perdido en ese mar de matices.

¿Qué piensa Rajoy antes de irse a dormir? ¿Le avergüenza su forma despótica de ejercer el desgobierno? ¿Se acuesta pensando en la sociedad que va a dejar a sus hijos? ¿Se intentará convencer a él mismo, como hacemos los demás, de que todo va bien?

¿Se planteará algún día para qué gastar tanto papel en un programa electoral que solo sirvió para cumplir con los requisitos legales mínimos? ¿Le sonrojará la corrupción institucionalizada de su partido? ¿Se reirá al terminar las ruedas de prensa tras negar saber nada de algo de lo que él es responsable?

¿Qué le dirán en las cenas familiares del país que dejará cuando se marche y sea olvidado? ¿Debajo de qué mesa del salón tendrá que esconderse durante esas cenas familiares tras presumir de la revalorización de las pensiones? ¿Notará el IVA en su nevera? ¿Sabrá lo que cuesta una entrada en el cine? ¿Se le ha visto alguna vez en un teatro?

¿Se reirá de sí mismo o realmente se toma en serio? ¿Se verá como un hombre de estado o un simple bufón? Con él no se sabe, pero las luces se apagan y ahí sigue él solo e impasible como el hombre gris que es intentando hacer gracia a un público ausente que ya no le ríe las gracias a payasos de segunda.

Análisis

Podemos como síntoma


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Daniel Rubio Sánchez. Se habla de ellos en la calle, en los autobuses, en los bares. Son tema recurrente de discusión entre los universitarios más politizados. Aparecen en los medios de comunicación ya casi a todas horas. Podemos ha sido capaz -y está siendo capaz- de aglutinar a centenares de miles de ciudadanos hartos. Las encuestas señalan que la formación política podría haber rebasado el 15% de los votos y estar acercándose ya al 20% y, por ende, al PSOE, principal partido de la oposición hasta el momento.

El caldo de cultivo era perfecto: una crisis económica sin demasiados visos de ser superada, unas consecuencias en la sociedad de esa crisis que costará décadas superar, un notable aumento de las diferencias sociales, la destrucción del estado del bienestar, corrupción campando a sus anchas entre los partidos políticos, una sensación generalizada de que la justicia no funciona. Un sistema corrompido e ideado para corromperse por los propios corruptos. Unas instituciones politizadas hasta el tuétano que ya no disimulan su teórica neutralidad. Organismos reguladores incapaces de regular sus propios excesos. Cargos políticos a dedo copando la administración pública a la vez que se congela el salario a los funcionarios. Expolio consentido a los ciudadanos. Deudas impagables para preferentistas. Sueldos millonarios para sus estafadores. Impunidad. Desengaño. Rabia.

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Ningún partido había sido hasta el momento capaz de señalar con total claridad y contundencia estos problemas. Bien es cierto que algunos han optado por negar su existencia en mayor o menor medida (PP, PSOE, CiU…) y otros lo han denunciado con mayor o menor contundencia (IU, UPyD, Equo, Compromís…) pero ninguno ha sido capaz de erigirse dedo acusador y señalar a todos los responsables con un nombre propio. El término “casta”, acuñado por Podemos aunque no sea nuevo, ya es de uso común. Su descripción de la realidad del país concuerda mejor con la sociedad en la que viven aún cinco millones de parados o en la que decenas de miles de jóvenes tienen que exiliarse para poder iniciar su propia vida independiente.

Que el Partido Popular celebre bajadas del desempleo cuando los contratos de trabajo que se están creando son en un 90% temporales y de una calidad paupérrima es sencillamente un insulto a los ciudadanos. Hay quien se cree esos mensajes, pero la mayoría de la sociedad no es tan imbécil. Cualquiera que pasee un poco por el centro de Madrid y no lo haga montado en un coche conducido por su chófer sabe que la pobreza duerme todas las noches en sus calles. Sabrá que hay gente pidiendo a todas horas en el Metro. Será consciente de que la miseria es mayor que hace unos años y que, además, está más extendida.

Acusar a todo el que proteste de filoetarra, de defender no se qué dictadura prosoviética o de ser de extrema izquierda no parece un movimiento muy inteligente cuando tienes a gran parte de la población hasta las narices de tanta putrefacción en el sistema y tanta estafa ideada y consentida por quienes luego fingen llevarse las manos a la cabeza por las consecuencias de la corrupción. Apelar al sentido de estado cuando la situación es límite solo te puede conducir a la irrelevancia parlamentaria y política cuando ya tienes en frente a una formación política que señala estos problemas sin mochilas del pasado en la espalda. Y en eso está el PSOE, en repetir las consignas del PP, sitúandoles junto a ellos y frente a unos ciudadanos ciudadanos cada vez más hartos que ven en Podemos una válvula de escape.

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Se espera y se necesita más audacia para enfrentarse a este nuevo monstruo político alimentado por los debates políticos en televisión, la prensa y la radio y la propia incompetencia de quienes ahora se dicen salvadores de la estabilidad institucional. Las propuestas con las que se presentaron a las elecciones europeas son inaplicables ahora mismo y, casi con toda seguridad, a largo plazo. Ellos mismos son conscientes. De lo contrario no habrían comenzado a dar marcha atrás en temas como el impago de la deuda. Quizás sea el propio olor del poder lo que conduce a esos pasos hacia atrás. Hay miedo a defraudar. Las esperanzas son demasiado grandes y las promesas demasiado comprometidas para ser cumplidas en cuatro años.

Podemos tiene grandes defectos. Gravísimos diría. No solo programáticos en mi opinión sino estructurales. Su propia asamblea, proclamada ejemplo de participación ciudadana, ya advierte vicios típicos de la gestión del poder. Pablo Iglesias se sabe fuerte y es consciente de que el proyecto sin él no llegará al poder. Quizás por eso se pueda permitir el lujo de imponer la votación de los textos propuestos como un paquete indivisible. Curiosa decisión para quien dice rechazar rechaza la monarquía por ser una imposición dentro del paquete constitucional. Lo que ocurre internamente podría ser un reflejo de cómo se quiere ejercer el poder, algo que conseguiría poner en alerta a quien sea mínimamente crítico con cómo se han hecho las cosas hasta ahora en la política española.

Probablemente ese sea el problema, que la gente se volvió tan crítica que un día se cansó de serlo. Aceptar como referente democrático una Asamblea Constituyente de ratificación y no de decisión como se promulga. Interesante concepto el de la disfunción de los órganos y las instituciones. Será que no nos suena esto ya. ¡Y se supone que ellos quieren corregirlo! Qué lástima que la orfandad política a la que han sido conducidos miles de españoles pueda volver a traer más de lo mismo en versión pseudorevolucionaria. Y en eso estamos, en saber si la regeneración que tanto necesita España llegará de la mano de Podemos o de un gobierno PP-PSOE.

Menudo dilema.

Análisis

La rosa se marchita


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Daniel Rubio Sánchez. Los resultados de las elecciones europeas para UPyD fueron, en mi opinión, mediocres. Unos resultados que pueden tener como consecuencia a largo plazo, si no se actúa, la irrelevancia del partido en la escena política española.

UPyD apostó por un perfil bajo en estas elecciones pensando que tendría todo ganado de partida y finalmente no fue ni mucho menos así. La dirección del partido revalidó erróneamente su apoyo a Francisco Sosa Wagner tras una legislatura en solitario en el Parlamento Europeo bastante pésima en muchos aspectos.

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Revalidado ese apoyo y presentada su candidatura junto a más de 40 contrincantes, Sosa Wagner ganó de manera muy holgada un proceso de primarias que no estuvo exento de polémicas y batallas internas. No se trata de una de las personas más queridas por la militancia de UPyD, pero tanto la mayoría de la dirección como de los afiliados decidió darle su apoyo de manera libre y legítima para que liderar la lista del partido en las elecciones.

Después de esta victoria en las primarias dio comienzo una campaña apagada, triste y gris en la que el candidato estuvo prácticamente desaparecido y en la que se habló de temas europeos interesantes para quienes nos dedicamos al estudio de la política internacional, pero irrelevantes para la mayoría de la ciudadanía. Aquí probablemente se abre un debate interesante entre quienes leéis este artículo; habrá quien considere que se debe hacer política orientada en satisfacer a la ciudadanía y quienes creen que se debe tener una línea política autónoma e independiente de las pulsiones de los votantes. Bien, personalmente considero que ambas posturas son esencialmente falsas. No se puede hacer, como se hizo en esta campaña de UPyD, política para los afiliados y especialistas al igual que no se puede buscar siempre agradar el oído del votante. Como en casi todo en la vida, en el término medio está la virtud. El error de esta campaña de UPyD, desde mi punto de vista, radicó en no saber ganarse al votante. Pensar que será el votante quien se preocupará por UPyD y no intentar lo contrario es un error de planteamiento que aprecio en UPyD desde el principio y del que no se libró esta campaña.

UPyD no ha logrado desprenderse de ese aura de ‘partido de intelectuales’ con el que se fundó en 2007. No ayudan demasiado en ese sentido tampoco que muchos de los actos del partido que se realicen sean en hoteles, invisibles para los ciudadanos y que generan una imagen elitista unida a las altas cuotas de afiliación que no ayudan a que la gente se sume al proyecto. Tampoco las últimas crisis internas en Murcia o Europa.

Resulta curioso que en estos momentos quienes apostaron por la candidatura de Wagner en las primarias y le defendieron como la mejor opción hayan llegado a tacharle de “mezquino” o “corrupto” y despotriquen contra él todas las semanas. Que nadie me malinterprete, no defiendo a Sosa Wagner. Nunca le he apoyado y nunca me ha gustado como representante de UPyD en Europa. Ni ahora, ni antes de las primarias ni durante su primera legislatura. Nadie podrá encontrar en mí contradicción alguna en ese aspecto, contradicciones que sí se pueden ver actualmente en las figuras más destacadas del partido. No alcanzo tampoco a comprender de momento cómo ha podido pasar alguien de ser quien mejor podría representar al partido a ser alguien despreciable. Aquí, desde mi punto de vista, sobran adjetivos y falta autocrítica por parte de quienes impulsaron una candidatura que ha resultado, a todas luces, un error muy grave.

Tampoco alcanzo a comprender cómo puede marcharse de un partido diciendo que “quiere recuperar su libertad” alguien que ha hecho, durante su primera legislatura en el Parlamento Europeo, básicamente lo que buenamente le ha dado en gana aunque en muchas ocasiones fuera en contra de los principios de UPyD. Nadie le riñó, al menos públicamente ni se le sancionó por ello. Tampoco se le sancionó por votar a favor del candidato conservador Jean-Claude Duncker como Presidente de la Comisión Europea junto a Fernando Maura en contra del criterio del partido, la que creo que es la opinión de la mayoría de la militancia y lo defendido durante la campaña. Este comportamiento individualista bastante extendido entre las personas con su nivel de formación y reputación no se dio solo en ese momento, venía de antes y pese a todo la dirección del partido apostó por él. También la mayoría de los militantes que votaron y que, por cierto, fueron bien pocos (participaron en torno a 1.800 personas de 5.300 con posibilidad de hacerlo)

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Que nadie se lleve a engaño, UPyD ya tenía problemas -y bastante graves en mi opinión- antes del fracaso de las elecciones europeas, un fracaso que quizás solo sea la consecuencia de un cúmulo de errores de distinto tipo que han sido ignorados por la aparente subida en las encuestas.

Parte del fracaso proviene de los factores internos comentados anteriormente, pero es innegable que el retroceso que está viviendo la formación en estos momentos viene acompañado de una revolución política externa a la que UPyD no ha sabido enfrentarse pese a partir de una posición privilegiada para ello.

Tras años de lucha combatiendo el bipartidismo y el eje político izquierda-derecha con propuestas parece que los réditos electorales de esa pequeña (en tamaño, no en ideas) batalla los están obteniendo otros que acaban de llegar con un mensaje diferente pero con algunos puntos en común.

Podemos ha capitalizado el descontento con los dos grandes partidos, algo a lo que algunos cuadros de UPyD no aspiran y es respetable pero incorrecto desde mis planteamientos. Un descontento que existía antes de su llegada cuando solo UPyD lanzaba determinadas ideas (independencia de la justicia, limitación de mandatos, eliminación del aforamiento, eliminación de privilegios políticos…) pero que no supo hacer llegar a la ciudadanía por errores propios y la indiferencia deliberada de los medios de comunicación.

En estas elecciones europeas se ha quebrado gravemente el bipartidismo gracias al trabajo de Izquierda Unida, UPyD, Podemos, Ciutadans o Equo, pero los réditos de esa quiebra no se han repartido por igual. Podemos, con su mensaje rupturista ha cautivado, y sigue cautivando, a centenares de miles de ciudadanos.

Una vez quebrado el eje clásico bipartidista y perdido el miedo a votar a otras opciones políticas (lo hizo el 50% de los ciudadanos en las europeas) se ha creado un nuevo eje político entre partidos viejos y partidos nuevos impulsado por la idea de “casta” de Pablo Iglesias tan repetida en los programas a los que, a ellos sí, les invitaban.

Aquí debe situarse ahora UPyD y saber a qué aspira. Determinar hasta dónde llega su radicalismo reformista y si su papel en la política española se limitará a hacer de apoyo electoral de los partidos viejos a cambio de reformas importantes, pero que no llegan a resolver el núcleo de los problemas. Unos problemas que Podemos ha identificado con claridad en su discurso político, pero cuyas soluciones aportadas hasta el momento por el partido parecen a día de hoy inaplicables.

No creo, ni mucho menos, que la solución a la crisis de UPyD pase precisamente por copiar el discurso de Podemos, pero sí que se debería tomar nota de su comunicación política, un aspecto en el que UPyD lleva fallando estrepitosamente durante años sin que nadie parezca darse cuenta. Sí debería tomar nota de que se puede hacer un discurso más crítico sin miedos y ganarse el apoyo de la ciudadanía. Sí debería tomar nota de que sin militancia tu discurso tiene grandes dificultades para calar entre la gente.

Podemos es la opción ahora mismo de mucha gente ilusionada simplemente con un cambio. Ese cambio, en mi opinión, probablemente traería un país peor del que actualmente tenemos, pero la situación es tan crítica que muchos ciudadanos creen mejor la incertidumbre a un presente como el actual.

UPyD ha fracasado. No debería haber problema alguno en reconocerlo. Es el primer paso para cambiar lo que, a juicio de todos, deba cambiarse y seguir trabajando, como hacen incansablemente muchos amigos todos los días, para construir una verdadera alternativa a lo que existe actualmente y a lo que puede llegar en cuestión de meses.

Sobra soberbia, sobra una política interna de partido demasiado rígida y falta ilusión y ambición. La situación ciertamente es complicada y se antoja aún más difícil en los próximos meses, pero solo si se es capaz de reaccionar se podrá recuperar el crédito perdido. Estamos ante un momento de cambio político que exige cambios políticos en los propios partidos. No cabe la posibilidad de acomodarse, resignarse a ser testimoniales y una mera comparsa de PP o PSOE. No es eso por lo que luchan cada día centenares de afiliados y simpatizantes.

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Bajo mi punto de vista hay que distanciarse de lo viejo no solo más en el discurso, sino también en las formas. Radicalizar el mensaje con batallas como la de Caja Madrid o Caja Segovia o la lucha por la independencia de la justicia. No tener miedo a señalar con el dedo a los culpables de tanto sufrimiento. Unir fuerzas con quienes compartan esas batallas, se llamen Ciudadanos, Equo, Podemos o Vox.

Quizás sea momento de ir cediendo el liderazgo a nuevas y renovadas figuras capaces de liderar, con mucha humildad pero toda la ambición posible, una corriente progresista que no se contente con la situación actual ni cambios puramente cosméticos. Una corriente que, desde la moderación, quiera construir con grandes reformas y de la mano de quienes quieran un país mejor, más justo, y un futuro más próspero para las próximas generaciones.